Pensar desde hoy
abril 17, 2020 | Andros Ulises Saldaña Rodríguez

*Mi responsabilidad con el otro

¿Nos quedamos en casa por miedo y egoísmo o por verdadera responsabilidad con el otro? Si bien muchos se preguntan esto mismo alrededor del mundo desde diversas situaciones y desde sus contextos particulares, nosotros como mexicanos también debemos preguntarlo desde nuestra situación. Es una pregunta necesariamente biopolítica, en tanto que todas las medidas de las autoridades y dirigentes están en función de procurar nuestra vida misma y bienestar biológico, lo cual es lo más irreductiblemente inmediato que tenemos y que muchas veces damos por sentado e ignoramos, disolviendo su valor en el mar de lo cotidiano.

Byung-Chul Han critica recientemente que la solidaridad que guarda distancias no permite soñar con una sociedad distinta, pero aquí creo que, o no se entiende correctamente lo que es la solidaridad, o que la solidaridad que mostramos con los demás debe ser pensada en su contexto. La nuestra es una sociedad cuyo modelo y dinámicas económico-sociales no permiten medidas extremas como el aislamiento total. En México y en todo el mundo hay quienes pueden y deben quedarse en casa, y quienes no. Si bien analiza el caso de cómo los países asiáticos enfrentan la situación, México comparte con ellos el hecho de que no puede detener sus operaciones enviando a su población a casa, pero difiere en que no dispone de la infraestructura de vigilancia digital al mismo nivel de detalle que China o Corea del Sur.

Si bien la comparación que hace Byung-Chul Han entre los modelos asiáticos y occidentales para el manejo de la situación alrededor del Covid-19 nos permite aprender sobre los aciertos y deficiencias de cómo otros han manejado la situación, por ahora, más que pensar en lo que debería o no haber, tenemos que trabajar con lo que hay, y dentro de lo posible como sociedad es el resguardo en la medida de lo posible y la distancia física para aquellos que no pueden dejar de salir de casa (pues de ellos dependen servicios vitales o el sustento diario de sus hogares).

Las autoridades han dejado claro que nuestra prioridad es evitar el colapso del sistema de salud, es decir, que los que requieren atención puedan ser atendidos. Esta es una labor que no sólo atañe o de la cual son responsables médicos y personal, sino que lo somos todos, para con nosotros y con los demás. Aquí entra el sentido de lo que hacemos, pues hay quienes por egoísmo o temor se encierran en casa, otros que caen en las prácticas tan mediatizadas como el acaparamiento de productos de primera necesidad ya sea para sí mismos o la reventa, y, por otro lado, los que conscientemente asumen su responsabilidad con el otro y ponen de su parte para la cuarentena.

Tenemos en nuestra sabiduría popular el dicho de que "mucho ayuda el que no estorba", y en estas situaciones es cuando más cobran su sentido. Efectivamente, ser responsable con el otro es también no entorpecerle innecesariamente sus labores vitales para el funcionamiento de la infraestructura urbana o rural, que no sólo conocemos o requerimos, sino que disfrutamos. Quedarse en casa no debe ser por egoísmo o temor, sino para minimizar los riesgos tanto para uno mismo como para aquellos con los que compartimos el espacio. Procurar la propia salud también es cuidar de los demás, los conozca o no.

El argumento de muchos jóvenes que insisten en que su juventud les exime o reduce el riesgo de contagio es una irresponsabilidad, pues en cada tránsito innecesario e injustificado ponen en riesgo a los demás. Sean los demás amigos, seres queridos, familiares o totales desconocidos, todos somos parte de una comunidad con la que tenemos que asumir una responsabilidad consciente, tanto en contingencias como en el día a día. Del mismo modo que acatar las medidas de prevención es ser responsable con el bien de la comunidad, también lo es respetar los horarios de recolección de basura, el uso responsable del agua, entre otros ejemplos. La responsabilidad con el otro implica reconocer que los actos de cada uno afectan a más personas de las que imaginamos.

La responsabilidad con los demás y la comunidad implica ser congruentes con los valores, ética y respeto a nuestros derechos que exigimos para nosotros, no porque los demás nos vean y opinen bien de nuestros actos, sino por el compromiso conscientemente asumido de no generar sufrimiento a ningún ser vivo, o en este caso, no ponerle en riesgo. La angustia también es sufrimiento, y pensando en ello ¿qué merito hay en generar angustiar a otros con actos innecesarios o injustificados? Siempre hay alguien que se preocupa de nuestra salida y nuestro regreso. Aún de no haberlo, ¿por qué exponer a los demás o entorpecer sus labores si no es necesario?

Ser ético y responsable con los demás y su bienestar requiere procurar también el propio. El sólo hecho de evitar el riesgo innecesario y mantener la propia salud también es cuidar a los demás, pues no generar complicaciones adicionales a médicos, familia o amigos es de vital importancia en estos momentos. Por ahora, la contingencia exige no saturar los servicios. Pero no debemos perder de vista otras responsabilidades sociales y comunitarias, como las de aquellos que tienen que salir, pues, o su labor es esencial para el funcionamiento de la sociedad, o no cuentan con un sueldo garantizado y viven al día. Aquellos que necesitan salir deben hacerlo sin ignorar las medidas de higiene, por respeto a sí mismos y a los demás.

Pasando el periodo de aislamiento se viene otro de reactivación y restauración económica que el heladero, el vendedor de golosinas, la señora de los tacos de canasta y muchos más esperan con ansias mientras resisten, siendo su única clientela aquellos que tienen que salir a las calles a cumplir con sus tareas esenciales para su comunidad. Quienes siguen saliendo a trabajar también lo hacen por responsabilidad y no deben confundirse con los que insisten en salir porque no soportan estar consigo mismos en casa.

En redes sociales ya se busca visibilizar y hacer consciencia por los que van día a día, pues la contingencia también representa para ellos no sólo problemas sanitarios sino económicos. Los que pueden comprarles lo siguen haciendo con tanta higiene como les es posible. Tal vez no les resuelven el mes, pero cada venta no sólo es una moneda, sino un instante de no sentir el desamparo y resistir otro día más.

El Instituto de Filosofía les invita a retroalimentar el diálogo enviando sus comentarios a pensardesdehoy@gmail.com; así como a seguir esta columna por redes sociales y en su página oficial: Instituto de Filosofía UV.

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