Política

El colectivo imbécil

abril 09, 2020

Instalados de lleno en la segunda fase del programa de distanciamiento social para eludir la saturación del sistema de salud, y a contrapelo de la prudencia y el respeto por el bienestar comunitario, parte importante de la sociedad veracruzana ha desoído completamente las recomendaciones de todas las autoridades sanitarias del país. En semana santa, miles de personas a contrapelo de su religiosidad católica, deciden que la pandemia que azota al mundo no les impedirá tomarse unos días en playas veracruzanas abarrotadas.

Las autoridades mexicanas en general han hecho llamados suficientes a la mantener la distancia entre personas y a guardarse en sus casas porque la etapa de exponenciación de los contagios ha empezado y eso pondrá sobre el sistema de salud nacional una presión muy grande precisamente por no haber hecho caso de los expertos en enfermedades transmisibles y salud pública.

Algo muy grave que coloca gran cantidad de interrogantes y dudas legítimas sobre la madurez y responsabilidad de los mexicanos. Al parecer incapaces de asociar sus acciones con las consecuencias que toda decisión en el sentido que sea implica. Medios impresos y electrónicos han documentado sobradamente esta surte de desobediencia civil a lo idiota. Desobediencia no motivada por la resistencia al autoritarismo, o por solidaridad con los agraviados fabricados por los dos gobiernos anteriores.

En estas semanas se ha visto una acatamiento relativo durante los días laborales y un tanto más laxo los fines de semana. Pero las vacaciones de semana santa han ido irresistibles y miles de personas las desoyeron. Lo que puede traer cotos altísimos para aquellos mismos que las desoyeron y para todo el resto de la sociedad, que es la mayoría.

Habrá que trabajar mucho más intensamente para estar en condiciones de desmontar el individualismo a ultranza heredado por 36 años de gobiernos neoliberales que, entre otras linduras educativas, cancelaron la formación civil de los educandos.

No es novedad, pese a ser profundamente gregarios y fiesteros, el profundo individualismo de los mexicanos se impone cuando se trata de la responsabilidad de cooperar para el beneficio de todos. La satisfacción del deseo personal inmediato borra el imperativo de la colaboración y la solidaridad. Es una mala base para para recostruir una sociedad que ha sido desarticulada por cuatro décadas intensas de racionalizaciones justificadoras que son letra muerta si se comparan con los resultados sociales dejados por gobiernos infames recientes.

Decía algún antiguo que miles de bestias juntas no pueden pensar lo que un solo ser humano es capaz de hacer, pero miles de humanos son perfectamente capaces de pensar como una bestia. Faltan por ver los costos de las consecuencias. Por lo pronto es claro que la sociedad veracruzana tiene que ser sensibilizada y reeducada.