Política

Intertextos

abril 06, 2020

*El virus y Taisen Deshimaru, autobiografía de un monje zen

A mis compañeros y alumnos del Colver y a mis compañeros y profesores del CRES Atzalan

"El Paraíso y el infierno sólo existen en tu corazón"

Renko-ji, monje budista

Entonces parece que vivimos dentro de una película de ciencia ficción –¡aunque no lo podemos creer!–: sabemos lo que ahora mismo pasa en Nueva York y en Wu Han, en Londres, en Chicago, Moscú, Paris y en la Ciudad de México, y el virus corre y se detiene, y se esfuma y reaparece cientos, miles de kilómetros más allá, transportado por sus vectores –ingenuos, ignorantes, descuidados, malvados, inocentes–, solamente vehículos, los humanos.

Varias especulaciones y consecuencias inmediatas se dibujan no sólo sobre la salud, sino morales, religiosas, apocalípticas, científicas, sociales, destacadamente las económicas o ingenuas, estúpidas, brillantes; desde luego políticas de la más baja estofa, hasta las perspectivas políticas dignas de reflexión y análisis, además de las filosóficas, que sin duda provocarán esta crítica circunstancia histórica que afecta a toda la humanidad.

La globalización acelerada del virus como signo y símbolo de la globalización presente-oculta de la humanidad, humanidad que, de pronto, se enfrenta a sí misma como culpable de la trasmisión, como culpable moral, no fisiológico. La solución inteligente: aíslate, mantente solo, sólo con tu celular y tu tablet, y no escuchar más que a ti mismo, la fuerza insoportable de tus propios gritos: sí, de soledad y angustia, sí, que se vierten en reclamo y culpabilización constante, como fuente de odio: al "mal gobierno", a los burgueses fifís que pueden viajar y así contaminar; y desde luego reforzar antiguos prejuicios raciales contra los negros, los chinos (los favoritos de hoy), latinos, croatas, etc.; y también culpemos, desde luego, a la modernidad (o, efectivamente, la pusmodernidad, Roger Bartra dixit) que nos lleva y nos trae como muñecos deshilachados por el planeta entero; a Dios, que parece nos ha abandonado…

Comentaba con mis alumnos del Colver que en México no hemos vivido las consecuencias de una guerra; ahora desafortunadamente las podemos imaginar con claridad –aunque ellos mismos disertaron que lo actual es sólo una aproximación a tal circunstancia–, y les expuse el caso del Japón que después de la Segunda Guerra Mundial estaba totalmente devastado, con un PIB al final del 1945 de US $20.00 per cápita, el 40% de su superficie urbana arrasada, su industria destruida y su agricultura muy empobrecida. El milagro japonés de su recuperación encierra el misterio de que no obstante que terminaron dañados en su aparato de producción y lastimados en lo social y lo psicológico, en 1980 llegaron a un PIB per cápita anual de US $12,0000, sólo superados por Suiza y Kuwait.

El maestro japonés Taisen Deshimaru fue un monje budista que escribió en 1982 su autobiografía (la cual no tenía la intención de publicar: la editorial japonesa le pidió que lo hiciera para "proporcionar un alimento espiritual a una juventud desorientada"), un pequeño, pero profundo texto de 187 páginas donde relata con gran simplicidad uno de los grandes itinerarios espirituales de nuestro tiempo, al narrar las dificultades encontradas en el transcurso de su vida para finalmente llegar a ser, Roshi, el Superior General del Soto Zen (una rama del budismo, muy extendida en la actualidad) para Europa y África.

En su biografía, Taisen Deshimaru (1914) narra cómo trató desde muy joven de definir y seguir su vocación al budismo Zazen, la práctica de la meditación, en oposición a los deseos de su padre que quería de él un hombre de negocios. A lo largo de los extremadamente difíciles años para el Japón ("todo tenía para mí sabor a cenizas", escribió Taisen), que incluyeron la guerra con China (1937-1945 con la rendición de Japón) y la terrible pérdida de Hiroshima y Nagasaki. Deshimaru joven, oscilando entre la búsqueda de la administración de empresas en el extranjero (quería ir a EU) y el budismo zen, leía mientras tanto a Goethe, al tiempo que escribía lo que vivía Japón: "Fui sobrecogido hasta el fondo de mi corazón por el sentimiento de la impermanencia de todas las cosas que me fue inculcado por mi madre"; intentó así, empecinadamente, seguir las enseñanzas de su maestro Kodo Sawaki:

Reflexiona y analiza tus necesidades espirituales.

El Zen es una vida nueva.

El Zen nos permite adaptarnos a nuestro entorno y no dejarnos influir por él.

No debemos dejarnos dominar por nuestra historia ni por la sociedad en que vivimos. Pero en ningún caso debemos dejar de tenerlas en cuenta.

Aquel que cae en un río por falta de atención y aquel que le salva tienen dos actitudes diametralmente opuestas. Esto es lo que enseña la Vía del Bodhisattva: la perfección personal debe estar acompañada de la compasión universal.

El Zazen es la Vía que permite el desapego. Para ello es suficiente un rincón tranquilo y un cojín sobre el cual sentarse, sin moverse, sin hablar, de cara al muro. No hay otro misterio.

En medio de una gran soledad a raíz de la entrada del Japón a la guerra, Deshimaru fue enviado a Indonesia en su carácter de administrador de empresas (de Mitsubishi), cruzando necesaria y afortunadamente las aguas llenas de buques de guerra aliados. El período de cinco años que subsistió en estos lugares está lleno de una mezcla que muy pocos hombres –o mujeres– han vivido: soledad y tristeza, amenazas de muerte, y también de una gran belleza y amor que compartió con una mujer y una familia china, así como de días de prisión en una celda oscura con comida repugnante ("realmente no habría podido elegir un lugar mejor para familiarizarme conmigo mismo"). Una vez finalizada la guerra, apoyó por razones pacíficas la independencia de Indonesia, y fue acusado, con resultados funestos, por los indonesios de apoyar al Japón, y por los japoneses, de apoyar a Indonesia.

Todas estas contradicciones las pudo superar Taisen Deshimaru gracias a la continua, permanente, incansable meditación Zazen y al recuerdo ocasional de poemas: "El ladrón me ha despojado / de todo lo que poseía / pero no se ha podido llevar/ la luna llena de mi ventana".

Cinco años después, ya en Tokio, reconoció a su hijo que sólo había visto recién nacido; hizo al principio una buena cantidad de dinero que muy pronto perdió, en 1952 pasó varios meses buscando trabajo, alimentándose sólo de pastas en restaurantes populares; al poco tiempo, sin embargo, estaba trabajando en el primer nivel con el ministro de Asuntos Exteriores, y Deshimaru reflexionó sobre esto último: "Me era imposible aceptar el comportamiento japonés de la posguerra que se proponía hacer de nuestra nación un animal económico exclusivamente". Al poco tiempo reiteradamente volvió a caer en la adversidad, llevando una vida casi miserable, pero con un golpe de suerte –como él lo menciona–, hizo rápidamente dinero y de la misma forma lo perdió totalmente (parece un cuento, pero es la vida real de Taisen). "Sin embargo –escribió– estaba decidido a superar todas estas pruebas, puesto que gracias a ellas se templa un espíritu verdaderamente Zen".

"Para cambiarnos, hay que parar el mundo": Don Juan, citado por Carlos Castaneda.

En 1966, sir Macfarlane Burnett, Premio Nobel de Medicina y Fisiología 1960, sostuvo que las investigaciones en biología molecular llegarían a producir microorganismos de virulencia hasta entonces desconocida, que podían hacer estragos entre los seres humanos.

"En lo real hay siempre incluida alguna sustancia indefinida que no puede ser imaginada con la mente". Rex Warner

"Me pregunto si no es posible ver en las actuales conflictos sociales del mundo una lucha análoga entre dos, tres, cinco verdades igualmente serias e idealismos igualmente generosos: creo que esto es posible…; en vez de ser, como tantas veces se nos dice que es, un conflicto entre la verdad noble y el error vil y presuntuoso". Karel Capek.

(Warner y Capek son autores muy reconocidos de ciencia ficción en el siglo XX).

Taisen Deshimaru llegó a Europa en 1966 para trasmitir la Vía del Zen como sucesor del maestro Kodo Sawaki, el gran reformador del Zen en Japón. Falleció en 1982, tras haber establecido de forma sólida la práctica del Zen en occidente. La autobiografía termina, después de disculparse nuestro autor por no ser un escritor profesional, con este pensamiento:

"No obstante, me sentiría profundamente feliz si gracias a este simple relato de lo que me sucedió antes de mi llegada a Europa, he llegado a comunicar a mi lector una nueva manera de ver su propia vida y de enfrentarse a ella".

Zen y el fenómeno del virus; cambiar nuestra actitud mediante la meditación, la serenidad y la cooperación.