Política

Keynesianos

abril 06, 2020

La pandemia de Covid-19 que tiene en crisis a varios países europeos y a los Estados Unidos desnuda las fragilidades de la ilusión neoliberal. Durante seis gobiernos federales este país vivió el más radical e intransigente programa neoliberal del subcontinente latinoamericano. Del pergeñador Salinas, al petimetre de Peña Nieto y sus serias limitaciones de entendimiento, México fue sometido a una concentración infame de la riqueza en pocas manos. Los principios de la globalización se derrumban sin freno ante el embate de un virus. Si éste fue creado por diseño o si es el descuido de una mutación fortuita es por lo pronto irrelevante. Hay que resolver el problema con lo que el país tiene, que es mucho, pero está desarticulado.

La décimo tercer economía del mundo, con recursos naturales, costas, industrias, agroindustrias y miles de empresas de todo tipo, la gran mayoría de ellas pequeñas, fundamentales para la existencia de empleo en tiempos de depresión económica e incertidumbres mayúsculas.

Se había anunciado desde el viernes, decisiones que apuntaban a que el gobierno abandonaba la lógica económica convencional neoliberal y apuntaba hacia un programa de intervención dirigida del Estado en la economía.

Casi cuatro décadas de bombardeos ideológicos a favor de la concentración de la riqueza en unas pocas manos y de justificaciones para que los gobernados asalariados cargaran con las deudas privadas terminan en el ojo de una tormenta perfecta. Una crisis sanitaria que paraliza por completo la economía mundial. El sistema se despedorra entre cifras de muertes por el virus, relativamente bajas, por cierto, pero que son motivo de niveles de inquietud y estrés poco vistos, excepto en tiempos de guerra.

La economía del mundo se para y en ese terreno no hay mucho que hacer. No así en el escenario interno. Dentro del país hay mucho por hacer. Mantener la economía en marcha y distribuir correctamente el ingreso. Primero los de situación más precaria. Lo que tiene mucho que ver con la empatía pero, sobre todo, con el sentido común. Proteger el salario es proteger la capacidad de consumo de las familias y en consecuencia, mantener funcionando el mercado interno. El país está de lleno en la transformación estructural y se mantendrá funcionando precisamente por el fortalecimiento del mercado interno. Es un cambio de paradigma completo. Fuera de las lógicas económicas que pusieron al país en las calamitosas condiciones en las que se encuentra.

El programa anunciado tiene sentido, y quienes tienen conocimiento de la historia contemporánea identificarán que ya hemos pasado por situaciones similares, aunque no en la escala planetaria en la que estamos.

Reactivación económica por la participación del Estado en la economía, capitalismo responsable sano. Proteger el salario y el consumo popular y las empresas generadoras de empleo. Dicho de otro modo, el Estado como agente económico.

Esta es un bote colectivo, conviene remar parejo y hacia el mismo rumbo. Hay un par de coas ciertas: la crisis mundial es mayúscula y tiene solución. Así, "back to the future", Keynes de nuevo.