Política

Fase II

marzo 31, 2020

Instalados ya en condiciones de excepción, parece conveniente adelantar una reflexión.

Desde que en diciembre del año pasado el gobierno chino alertara sobre la aparición de un nuevo coronavirus, el gobierno mexicano se apercibió de ello y empezó a trabajar en las medidas sanitarias y la aproximación del concepto del virus a la sociedad mexicana sin clausurar las actividades económicas ni la libre circulación de las personas porque en este país la abrumadora mayoría de la población vive rigurosamente al día, se trate de empleados, comerciantes informales en cualquiera de sus presentaciones, o profesionales libres.

Fueron muchos los que casi se desgarraron las vestiduras por la decisión gubernamental. Hubo incluso quienes desearon su fracaso aunque eso supusiera el sufrimiento de miles, o tal vez cientos de miles de connacionales. Cosa que no debería sorprender si nos atenemos a que fueron precisamente esos tipos los que pusieron al país en la catástrofe en que está. El espaciamiento social claramente surte efecto, sin embargo, hubo muchísimos connacionales que simplemente se tomaron vacaciones. Atestaron playas y transportes, una imprudencia mayúscula que pudiera tener consecuencias graves a la hora en que la pandemia estalle y empiecen a crecer geométricamente los casos de contagio. Es completamente indeseado este escenario, justo lo que se trataba de evitar con el distanciamiento social. Y en esto hay una completa irresponsabilidad de parte de la ciudadanía. La información ha sido sobrada y reiterativa, pero ha habido quienes desestiman el peligro, lo que socava la seguridad sanitaria de todos.

Tras un fallido confinamiento voluntario, Moscú impuso una cuarentena obligatoria. El gobierno de Estados Unidos prevé el pico de fallecimientos por Covid-19 en un par de semanas; actualmente hay más de 155 mil personas en Estados Unidos con el virus positivo en activo, y se cuentan más de 3 mil fallecimientos.

El gobierno mexicano necesariamente tendrá que reflexionar en la posibilidad de cerrar la frontera, cosa que se antoja imposible por la simbiosis existente entre los habitantes de ambos lados del muro.

Estas semanas son críticas para tener la capacidad de los hospitales en funcionamiento sin que se sature. En esto la responsabilidad no está en manos de las autoridades, sino en cada ciudadano en lo individual.

Es sabida la solidaridad de los mexicanos, varias veces demostrada cuando los sismos del 19 de septiembre de 1985 y el del 19 de septiembre de 2017.

Esta vez se trata de solidarizarse sin sacrificios y sin riesgo de derrumbe en un edificio maltrecho. Sólo quedarse en casa, porque la fuerza pública no es necesaria cuando la sociedad se cuida a sí misma.