Política

Una antologia prescindible

marzo 11, 2020

La UV acaba de publicar "doce relatos hispanoamericanos imprescindibles del siglo XX", seleccionados y prologados por Mario Muñoz. Este recuerda que por muy brillante que sea una obra literaria, requiere para su difusión y permanencia de campañas publicitarias, reediciones, traducciones, reseñas y estudios críticos, adaptaciones a la pantalla, premios y entrevistas a sus autores; los relatos elegidos por el son los que supuestamente han acaparado la atención de los estudiosos, de la prensa y la tele, los que han obtenido mayor reconocimiento. Mario Muñoz ya había publicado, por cierto, otras antologías, como la del cuento mexicano de la segunda mitad del siglo XX, que incluye textos de Nellie Campobello, Rosario Castellanos, Elena Garro, Inés Arredondo, Amparo Dávila, Elena Poniatowska, etc., y otra de relatos de tema gay, ambas publicada por la Universidad Veracruzana. En esos casos, echó los reflectores a obras no demasiado conocidas, pero en su nueva antología Muñoz actúa como los bancos, donde "solo se le presta a los ricos". La selección, sin embargo, es muy discutible, pues si bien "Casa tomada" y "Solo para fumadores" son los relatos con que usualmente se relaciona a Cortázar y a Ribeyro, a Borges se le asocia sobre todo con "El Aleph" o con "Funes, el memorioso", donde lo fantástico tiene lugar en un país hispanoamericano. "Las ruinas circulares" no es uno de sus mejores cuentos, y "La siesta del martes" representa más bien la faceta realista de García Márquez, que no es a la que debía su éxito. "Blacamán, el bueno" hubiera sido una mejor elección… La selección además no está bien delimitada cronológicamente, pues diez de los doce autores "pertenecen al siglo XX", pero Muñoz incluye además a Rubén Darío y Horacio Quiroga, cuando hay otros cuentistas que hubieran encajado sin problemas, como Cabrera Infante, y el colmo es que, como los once relatos son obra de hombres, incluye "El árbol" de María Luisa Bombal, como si le hiciera un favor, pues aclara que "solo" lo hizo por la importancia de la escritora, lo que implica que su relato no le parece "imprescindible". Se trata, en fin, de una selección bastante chapucera. Por si fuera poco, Muñoz no distingue entre "relato" – cualquier texto narrativo – y "cuento" - una especie de relato con características distintivas-- y utiliza estas palabras como si fueran sinónimos. Menciona que "El perseguidor", de Cortázar, "pertenece a la categoría de novela corta por su extensión", pero no se percata de que algo parecido pasa con "Solo para fumadores", que es un relato autobiográfico, y "Los fugitivos" de Carpentier, que sobre todo fue un novelista. En fin, hace un revoltijo. En el prólogo machacón abunda en elogios y epítetos laudatorios -"textos cuya excelencia", "leídos con admiración", "cuentos perdurables", "admirable consistencia", "notables innovaciones", "narraciones excepcionales", y bla bla blá…. Con razón el responsable de la editorial, se deslindó en un escrito de esta publicación al señalar que la colección de la que forma parte "se gestiona directamente desde la rectoría". Y esa colección, por cierto, solo incluía obras del dominio público, pero en esta ocasión se pagaron excepcionalmente más de cuatro mil dólares por las autorizaciones correspondientes.