Política

Púrpuras

marzo 10, 2020

Ayer, el paro, las calles semivacías, el trasporte público igual. El paro de las mujeres que un día antes, el Día Internacional de la Mujer, tiñeron el aire de las calles con diamantina violeta, púrpura, lila, morada. No importaría tanto la tonalidad como el simbolismo contundente de que el morado es el color del luto latino. El color de la semana santa. El color de las viudas, de las madres a quienes arrebataron una hija, de las miles de infantas a quienes les arrebataron a su madre.

México, país feminicida que empezó la matanza sistemática de mujeres desde 1993. Las Muertas de Juárez, las nombraron; 458 mujeres víctimas de violencia mortal... solamente en los cinco años recientes: 146 en 2019; en 2018 fueron 105 las víctimas; 96 en 2017; 57 de enero a diciembre de 2016 y 54 víctimas en 2015, por lo que la violencia es mortal. Una ciudad. Los medios informativos de derecha no han parado en enfocar el aumento durante el primer año del actual gobierno federal.

Las tasas más altas en asesinatos de mujeres son en Guerrero, Chihuahua, Tamaulipas, Coahuila, Durango, Colima, Nuevo León, Morelos, Zacatecas, Sinaloa, Baja California, estado de México y, desde luego, Veracruz.

Hace apenas un par de días La Jornada Veracruz daba cuenta de que el ex fiscal Winckler ocultó más de 300 carpetas de investigación que contienen un elevado índice de agresiones hacia las mujeres. Por si hiciera aún falta demostrar que la violencia de género en este país es sistémica. Y ya en ésas, sistematizada. Ayer lunes y el domingo deben ser el punto de inflexión donde este país, empiece a desmontar el sistema patriarcal de entendimiento del mundo. Rechace de forma cada vez más extendida y firme la violencia de género, a contrapelo de los degradados deseos de un jerarca clerical de la calidad del cardenal Sandoval Íñiguez, que apenas hace dos días desaconsejaba a las mujeres salir a marchar, tomar las calles y pintar la raya al hartazgo.

Por lo pronto, en vísperas de la primavera, la rabia, la indignación de las mujeres pinta las calles de color jacaranda. Tiene su toque de encanto. Sarcático, pero encanto al fin.