Política

¿Contrición?

febrero 25, 2020

El domingo pasado, los obispos católicos del país publicaron una carta abierta en la describen como emergencia nacional la misoginia mexicana. Qué bueno que lo haga porque en efecto lo es. En este espacio editorial se aborda el tema con frecuencia porque mucho tiene que ver la práctica institucional católica mexicana en la reproducción de los valores, racionalizaciones y costumbres en los que se justifica el sistema patriarcal. Todavía se sienten los efectos del devastador papado de Juan Pablo II para los derechos de las mujeres y los homosexuales. Todavía permanecen impunes decenas, si no es que cientos, de abusos cometidos por la institución en contra de mujeres y niños, y que durante más de 30 años Juan Pablo II despreció e invisibilizó. No es poca cosa si se considera el vergonzoso número de escándalos sexuales cometidos por sacerdotes mexicanos que se han hecho públicos en los últimos años. Han sido años muy oscuros en el ya de por sí deteriorado récord del catolicismo nacional. Algo tendrá que ver en eso el comportamiento institucional mismo.

Pero es de notarse –e incluso celebrarse– el cambio de tono en el dicho de los jerarcas católicos mexicanos. Es la primera vez que reconocen que algo tiene que ver la Iglesia en la perpetuación de los letales valores del machismo y de la misoginia nacionales.

En 1964 se publicó en México una traducción del libro del antropólogo norteamericano Oscar Lewis, Los Hijos Sánchez. Autobiografía de una familia mexicana. El libro relataba la vida cotidiana de una familia marginal urbana, una de tantas que viven en la cultura de la pobreza. En febrero de 1965, el malestar que causó la publicación en ciertos círculos políticos y editoriales devino en una querella penal en la que se acusaba al autor del libro de "utilizar un lenguaje soez y obsceno, de describir escenas impudicias y de verter opiniones calumniosas, difamatorias y denigrantes para el pueblo de México".

El dato viene a cuento porque la Iglesia fue una de las principales promotoras de la satanización del libro.

De ahí que sea de celebrarse que la jerarquía católica mexicana acepte parte de la culpa, aunque se esmere en diluirla en la de otros actores también. Es la primera vez que lo hace, no está mal.