Política

Confirma SSP mega-fosa en Playa Vicente

febrero 24, 2020

Playa Vicente, Ver.- El gobierno de Veracruz confirmó el hallazgo de un predio en el municipio de Playa Vicente, donde se encontraron indicios de al menos 60 fosas clandestinas de personas que fueron desaparecidas en los últimos años por grupos delictivos ligados al Cártel de Jalisco Nueva Generación (CJNG).

Mediante un comunicado, la Secretaría de Seguridad Pública (SSP) dio a conocer que los elementos de la Fuerza Civil, desplegados en ese municipio y ubicaron una fosa clandestina en un rancho del empresario Humberto Andrade, procedente de una de las familias ganaderas más antiguas de ese municipio.

La dependencia indicó que este terreno, ubicado en la comunidad del Arenal, era utilizado presuntamente por el grupo delincuencial Las Piñas, ligados a las actividades delictivas del CJNG, de acuerdo con las investigaciones de diferentes dependencias estatales y federales.

La SSP refiere que recibieron una denuncia de los pobladores de este lugar, quienes tenían miedo ya que esa zona estaba asolada por este grupo delincuencial.

En el predio se encontraron fragmentos óseos, prendas de vestir y objetos punzocortantes, y se ubicaron alrededor de 60 puntos donde podrían haber inhumado a personas de la zona que limita entre los estados de Veracruz y Oaxaca. "Los indicios apuntan a que el sitio era ocupado para la comisión de delitos como secuestros y ejecuciones, por lo que fue asegurado en espera de las autoridades correspondientes para los trámites de ley", refiere el comunicado.

De acuerdo a los datos aportados por la Comisión Estatal de Búsqueda, entre el 23 y el 27 de enero de 2020 desaparecieron 10 personas en el municipio de Playa Vicente, donde ahora se encontró esta fosa se trata de Gregorio Díaz, Teófilo Salas, Jaime Velasco, Araceli Bernal, Vicente Bautista, Genaro Antonio, Nabor Antonio, Javier López, Galdino Carrillo y Florencio Castillo.

Apenas hace 48 horas en ese municipio, se emitió una alerta por la desaparición de Víctor Aburto Aguilar, de 49 años.

Salimos a buscar por los que no pueden

Papantla, Ver.- Del Norte al Sur y del Oeste al Este, cientos de familias se reunieron en Papantla para formar parte de la Quinta Brigada Nacional de Búsqueda de Personas Desaparecidas, con la esperanza de encontrar a sus familiares, vivos o muertos; pero también llegaron aquellas que, sin necesidad, se sumaron a las indagatorias en medio del monte, potreros, milpas o cuerpos de agua.

Durante el primer día de búsqueda en campo conocimos a Rosalva Ibarra y Angélica Ramírez, de La Paz, Baja California Sur, y de Tijuana, Baja California, respectivamente. Sentados en la batea de una camioneta, el polvo del camino de terracería que conduce a la comunidad de Paso Coyutla cubría la piel, la ropa, el cabello.

Originaria de Culiacán, Sinaloa, Rosalva es madre soltera y a diferencia del resto de las madres que iban aquel día con la intención de buscar restos de personas en un punto identificado como fosa clandestina, no tiene a ningún familiar desaparecido, pero su necesidad de justicia la hace formar parte de los colectivos y salir en busca de quienes no volvieron a casa.

Angélica es integrante del colectivo "Una Nación Buscándote". Ella, a diferencia de Rosalva, sí sufrió en carne propia el que alguien le arrebatara a un familiar, pero que por fortuna logró encontrar, "pero sigo en el acompañamiento de las demás mamás y buscando ahora a sus hijos".

Sentada a un costado de la plaza cívica "18 de Marzo", donde se rindió el informe final de la Brigada, comenta que durante los 15 días en que estuvo en Veracruz aprendió mucho acerca de una realidad no tan distinta a la que se vive en Tijuana, pero sí con matices muy particulares.

De acuerdo con el informe final, en la región de Poza Rica, a diferencia de otros puntos del estado, no se localizaron tantos restos humanos como se esperaba, pues la violencia ejercida en la zona desapareció para siempre cualquier rastro.

Los activistas localizaron al menos doce puntos utilizados como "cocinas", en las que deshacían en ácido a sus víctimas, o las quemaban hasta volverlos cenizas, como ocurrió en La Gallera, Tihuatlán.

"En Baja California las cosas no son muy fáciles, pero con lo aquí aprendido le servirá para seguir buscando allá en la frontera norte: cómo manejar a las autoridades y lograr que hagan algo de su trabajo".

La coordinadora de "Una Nación Buscándote" pide no ser estigmatizadas, en un contexto en el que las propias autoridades se encargaron de reducir los casos de desapariciones a víctimas de ajustes de cuentas entre bandas criminales. "Nosotras las madres no tenemos la culpa de lo que haya pasado, para que nos etiqueten y nos rechacen, porque nosotras también somos víctimas de lo sucedido".

Recuerda que en el transcurso de la búsqueda de Yazmín y de Valeria, ese encontraron en el camino a más madres que se unieron a la búsqueda de sus hijos en manifestaciones, en la Fiscalía, en Semefos; lugares en los que siempre encontraron a una madre buscando a su hijo... "nos hicimos amigas, nos hicimos compañeras, hermanas del mismo dolor".

"Cuando encontramos a Yazmín y meses después a Valeria, me quedé pensando que no podíamos dejarlas solas, quedarnos en nuestra casa a descansar mientras mirábamos el gran problema de los desaparecidos".

Fue así que decidieron integrarse en un colectivo en 2015, a través del cual salen a buscar por aquellas madres que por miedo o necesidad económica no pueden hacerlo, "con todo ese amor, para brindar un poco de ayuda para encontrarlos a todos".

En la región fronteriza comenta que diariamente decenas de personas terminan, sin ser identificadas, en una fosa común; muchos migrantes de todo el mundo que terminan en algún lugar de la frontera por falta de sensibilidad de las autoridades.

Aunque las autoridades les niegan cifras concretas, el colectivo calcula que podrían ser entre tres y cuatro mil personas desaparecidas en esa región, donde producto de la búsqueda han logrado encontrar personas con vida, pero también restos de gente que migró desde Michoacán, Zacatecas, Estados Unidos, Veracruz.

Para Angélica, enterrar una varilla en la tierra es una sensación de esperanza de poder encontrar un olor, de hallar a alguien. "Sé que no va a ser el mío (familiar) o el de la compañera, pero será el de otra madre que por una u otra razón no ha salido a buscar".

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