Política

Del 9 de marzo y el pensamiento reaccionario

febrero 24, 2020

A la mujer le ha tocado vivir un papel histórico marginal creado y fortalecido por el pensamiento conservador al aconsejar que el mejor lugar para ellas estaba en el hogar y naturalmente la Iglesia y otras denominaciones que ni siquiera le permiten las fervientes católicas convertirse en ministros de culto o sacerdotes. Aunada a ello, la falta de oportunidades profesionales y laborales y sobre todo , a causa de este histórico escenario, ha sido víctima de violencia, en muchas ocasiones mortal, dentro y fuera de la familia y la marginación profesional y laboral.

Eso no es nuevo ni se circunscribe a la coyuntura política actual. En la medida que se profundizan las acciones y maduran los tiempos de apertura democrática y transformación institucional, situaciones como la hiperviolencia ejercida contra mujeres adultas y sobre todo niñas se vuelven más visibles y naturalmente tienen eco en la sociedad, que se moviliza en general para repudiarla y demandar a las autoridades acciones más enérgicas.

Es obvio que la totalidad de la población se ponga de lado de una demanda que, esencialmente, se justifica por sí misma. De la misma manera, el feminismo como expresión de rechazo a la violencia de género, a la discriminación y a la desigualdad ha ido tomando cuerpo de distintas maneras: desde las protestas violentas y vandálicas de grupos femeninos a la más reciente expresión que convoca a un día nacional sin mujeres para el 9 de marzo.

A esta movilización se han sumado de manera insólita –por no decirle políticamente oportunista– aquellos quienes han etiquetado al feminismo como una expresión de odio antimachista, condenado sus demandas por el derecho a ejercer la libertad sobre sus cuerpos; también están los que se oponen a la transformación de los roles tradicionales de la familia y sobre todo aquellos que provienen de esos mismos estratos forjadores de la marginalidad histórica de la mujer. Entre ellos destaca ¡la Iglesia católica!, la misma institución que permaneció callada durante los gobiernos priístas y panistas aun cuando en esas épocas aciagas, la violencia contra las mujeres alcanzaba los mismos niveles y había inclusive engendrado situaciones feminicidas como la de Ciudad Juárez o el oprobioso Tenancingo, Tlaxcala, señalado como cuna de la trata de personas, entre otros que les fueron invisibles durante mucho tiempo.

De hecho, la Iglesia veracruzana ahora le exige al gobierno morenista tomar acciones porque "resulta evidente que no estamos mejor", según afirma uno de sus voceros. Al lado de las razones justas, aparecen los oportunismos de un pensamiento conservador que siempre ha estado soterrado, en espera de la revancha, se ha convertido en más que una opción ideológica –pues se monta en las convergencias con la reacción política y el pensamiento religioso– y busca establecerse como un movimiento reaccionario, de antítesis a todo lo que proponga y diga el presidente López Obrador. Va más allá y también desprecia la austeridad presidencial, la integridad representada en el combate a la corrupción y sobre todo menosprecia los esfuerzos por establecer la igualdad de clases como una nueva forma de convivencia.