Política

Paz y justicia

febrero 22, 2020

El Paro Nacional al que convocan grupos de feministas en nuestro país para el próximo 9 de marzo tiene antecedentes internacionales y nacionales. Si bien sería el 8 de marzo del 2000 cuando la Campaña Internacional por un Salario para el Trabajo en el Hogar convocó a la Primera Huelga Mundial de Mujeres, reivindicando justicia hacia ellas por su contribución no reconocida en la fuerza de trabajo, un primer antecedente histórico se remonta al 24 de octubre de 1975 con el paro nacional convocado por el movimiento de mujeres que tuvo lugar en Islandia, y en el cual participaron trabajadoras remuneradas y amas de casa.

Décadas después, en lo que se ha denominado como el feminismo resurgente derivado del resurgimiento de movimientos de mujeres masivos en todo el mundo en los últimos años, en un aniversario de esa huelga, el 24 de octubre de 2016, las trabajadoras islandesas dejaron sus puestos de trabajo dos horas y veintidós minutos antes de su horario de salida como forma de hacer visible la brecha salarial entre hombres y mujeres.

En el marco de estas acciones, también el 3 de octubre de 2016 se realizó una protesta masiva en Polonia, bautizada como lunes negro, contra un proyecto de ley que criminalizaba el aborto, incluyendo el aborto espontáneo y la interrupción del embarazo como consecuencia de una violación. La gran repercusión de esta protesta frenó la ley en el parlamento polaco. Las activistas polacas comenzaron entonces a conectarse y coordinar acciones con movimientos similares de otros países, sumándose inicialmente Israel, Italia, Corea del Sur, Rusia, Irlanda, Brasil y México para conformar un grupo impulsor del primer Paro Internacional de Mujeres.

Por su parte, las denominadas Marchas de las Mujeres se han sucedido periódicamente desde 2017 en gran cantidad de ciudades de todas las latitudes del planeta. En Latinoamérica, destaca así mismo el movimiento denominado marea verde iniciado en Argentina donde diversos colectivos de mujeres convocaron a una manifestación multitudinaria que se retomará nuevamente el próximo 8 de marzo de este año 2020, a fin de transformar las leyes vigentes que penalizan el aborto en su país en todas sus formas y que se remontan a 1921.

Finalmente, en el caso de México, nuestro país ha sido muy activo en las luchas feministas, destacando, por ejemplo, que la primera Conferencia Internacional de las Mujeres organizada por la ONU se llevó a cabo en la Ciudad de México en 1975, a partir de lo cual se han dado múltiples manifestaciones colectivas de las mujeres por diversas causas entre las que destaca, en los últimos años, la búsqueda de la erradicación de la violencia contra ellas y, particularmente, del feminicidio. El 19 octubre del 2016, integrantes del movimiento Ni Una Menos y de otras organizaciones feministas convocaron a un paro de una hora y a diversas movilizaciones tras una semana en la que hubo 7 feminicidios. Es sin embargo, en el contexto actual, cuando se convoca al Paro Nacional bajo la consigna "¡El nueve ninguna se mueve!" que vislumbramos un parteaguas en la lucha por el reconocimiento de los derechos de las mujeres, en un contexto de violencia generalizada en nuestro país, insistente y persistente, en el cual las mujeres y las niñas sufren las consecuencias más brutales y deshumanizantes.

Por ello, cada día se suman a este llamado más instituciones gubernamentales, no gubernamentales, académicas, empresariales y de toda índole, en lo que se presume será una manifestación inédita que evidencia el hartazgo y la indignación nacional frente a la violencia de género.

Inédito es también el hecho de que esta convocatoria pacífica iniciada por grupos feministas de larga data en el país haga eco en las nuevas generaciones de mujeres jóvenes, quienes han estado haciéndose presentes en la escena nacional de manera muy activa en marchas callejeras, performances, cierre de facultades, brillantinadas, y muchas otras formas de manifestación colectiva a favor de sus derechos humanos.

Respondamos pues a este llamado a la unidad que clama por un cambio en nuestro país hacia una sociedad de paz y justicia que resulta ya, a todas luces, impostergable.