Política

Satisfactorio, cómo no…

febrero 16, 2020

Lo que ha pasado y está pasando en el país es, sin exagerar, la recuperación del Estado mexicano de las manos criminales que lo saquearon durante cinco sexenios al hilo, 36 años. Este espacio editorial afirmaba ayer que la corrupción ha estado presente a lo largo de la historia del país desde la Colonia. Los gobiernos posteriores a la Revolución mexicana fueron patrimonialistas y corruptos, sí, pero nunca en la escala de las últimas décadas y, es preciso aceptarlo, construyeron desde finales de los años 20 el Estado de bienestar sobre el que se creó una inmensa clase media de origen obrero y campesino. Estado de bienestar que trasformó al país e, irónicamente, lo preparó y modernizó lo suficiente para que una generación de beneficiarios privilegiados del sistema político se educara en los Estados Unidos y compraran el fárrago ideológico del neoliberalismo. Más sociedad y menos Estado, decían, pero no se referían a la sociedad civil sino a las sociedades anónimas.

Apresado Emilio Lozoya, es muy probable que empiece a decantarse en México un proceso similar al ocurrido en Brasil hace unos años con el caso Lava Jato, que involucraba a Petrobras, la empresa petrolera del Estado brasileño. Operación anticorrupción que comenzó Brasil y terminó involucrando a diversos políticos y funcionarios peruanos y de otros países, que acabaron en la cárcel. Cuando explotó el escándalo de corrupción que involucra a la constructora brasileña Odebrecht varios de los políticos más importantes del continente temblaron.

Emilio Lozoya fue el colaborador peñanietista que, desde que el ex presidente fuera gobernador del estado de México, estuvo a cargo de las relaciones con dos poderosas empresas corruptoras: la brasileña Odebrecht y la española OHL.

Lo sucedido durante los últimos cinco gobiernos federales va mucho más allá de la corrupción en la "Colina del Perro" o el Partenón. Una, la casa regalada a López Portillo en Santa Fe al terminar su sexenio; la otra, la casa de descanso del jefe policiaco de ese sexenio en Zihuatanejo. Nada tiene que ver con la inmensa corruptibilidad del gobierno de Miguel Alemán Valdés en los años 50. La corrupción neoliberal es de escala industrial, y quienes la operaron durante estas décadas no deben ser juzgados por corruptos sino por traición a la patria. Y no sólo por el saqueo que hicieron del dinero y bienes públicos, sino porque dejaron al país literalmente quebrado, hiper endeudado y con un abrumador deterioro de la calidad de vida de los gobernados. El tamaño del daño es abrumador.

Por Lava Jato se metió a la cárcel al ex presidente de Perú, Alejandro Toledo, se giró en su contra una orden de detención internacional por haber recibido un soborno de 20 millones de dólares del gigante brasileño. Habrá que ver lo que decantará del caso ahora con Lozoya detenido. Pero la detención de Rosario Robles, de Juan Collado, y ahora de Emilio Lozoya, sugiere que habremos de tener una mejor idea de la dimensión del saqueo. Pronto.