Política

Evangélicos

enero 29, 2020

Dice el líder de los evangélicos en Veracruz que no tiene nada contra los homosexuales pero que se oponen a que al reconocimiento legal ante el Estado de una sociedad conyugal se le llame matrimonio.

El prurito semántico es, en el mejor de los casos, ocioso. Anuncian que mañana jueves estarán en el Congreso del Estado manifestando su desacuerdo ante los diputados locales.

Lo cierto es que el comportamiento social de los evangélicos es sorprendentemente parecido al comportamiento institucional católico. Fundamentan su rechazo a la idea de que una pareja homosexual pueda adoptar y criar un niño. Lo que en este país de lutos impuestos en cantidades industriales por sociópatas de escasa alzada equivale negar por prejuicio la posibilidad de que un niño arrancado de sus relaciones filiales pueda encontrar un ambiente donde ser abrazado y querido.

Lo cierto es que las iglesias evangélicas protestantes, que por estos días se encuentran en los rincones más inverosímiles de América Latina, están transformando la política como ninguna otra fuerza. En la mayoría de los países le han dado a las causas conservadoras un nuevo impulso y nuevos votantes. Excepto, al parecer, en México.

En América Latina, el cristianismo se asociaba con el catolicismo romano. La Iglesia católica tuvo prácticamente el monopolio de la religión hasta la década de los 80. Al catolicismo solo lo desafiaban el anticlericalismo y el ateísmo. Nunca había habido otra religión que compitiera a la hegemonía católica. Hasta ahora.

Hoy, los evangélicos constituyen casi el 20 por ciento de la población del subcontinente latinoamericano, mucho más que el 3 por ciento de los años 50. En algunos países centroamericanos están cerca de ser la mayoría.

La ideología de los pastores evangélicos es variada, pero en términos de género y sexualidad por lo general sus valores son conservadores, patriarcales y homofóbicos. Esperan que las mujeres sean totalmente sumisas a sus esposos evangélicos. En todos los países de la región, sus posturas en contra de los derechos de las personas homosexuales han sido las más radicales. Con esto en mente habrá que estar atentos a las presiones que estos grupos puedan hacer al gobierno para promover su agenda. No es poca cosa y no necesariamente "esa cosa" es indeseada. Pero es preciso estar atentos.

El ascenso de los grupos evangélicos es políticamente inquietante porque están alimentando una nueva forma de populismo. A los partidos conservadores les están dando votantes que no pertenecen a la élite, lo cual no necesariamente es bueno para la democracia porque estos electores suelen ser intransigentes en asuntos relacionados con la sexualidad, lo que genera polarización cultural.

La inclusión intolerante, que constituye la fórmula populista clásica en América Latina está siendo reinventada por los pastores protestantes. Esto obliga a estar atentos de la agenda femenina; especialmente en estos tiempos donde parecen ser tersas las relaciones con el gobierno.