Política

Galimatías

diciembre 19, 2019

La seguridad pública continúa como el nudo gordiano del gobierno del estado y de la mayoría de los gobiernos municipales. Esto obedece no tanto a limitaciones administrativas o del equipo abocado a ellas, como a la degradación que los dos últimos gobiernos provocaron en las estructuras e instituciones dedicadas a atender la materia de seguridad pública. Tanto Javier Duarte como su par Miguel Ángel Yunes Linares, ajenos a la mínima noción de buen gobierno, degradaron la razón básica de la existencia del Estado: proveer de seguridades a sus súbditos. Principalmente, en aquello que es más sensible y de alto impacto: la seguridad pública.

En diversas ocasiones y lugares del estado, ante las cortedades de la seguridad pública, la sociedad se organiza para defenderse a sí misma. Un método que claramente inquieta a la autoridad, sea del signo partidario que sea, y con razón: el monopolio de la violencia es del Estado. El nudo está en que, por lo pronto, las condiciones de los gobiernos estatales y municipales no son las suficientes para poder hacerlo con certidumbre suficiente.

Frente a la crisis y los imperativos de la inseguridad, las sociedades se auto organizan al margen de la autoridad, lo que cambia la fórmula y los contenidos de los acuerdos sociales. Estas respuestas y transformaciones de la sociedad obedecen a la persistencia de altas tasas delictivas, y a la aceptación de que las instituciones policiales y de justicia tienen serias limitaciones para brindar razonablemente seguridad ante el delito y que por lo tanto han dejado de ser los únicos actores involucrados en su proveer seguridad pública. Las sociedades se organizan a nivel de calle y deciden defenderse independientemente del gobierno.

Razón sustantiva para que el deterioro de la seguridad pública en todo el planeta siga al alza sin importar la naturaleza del régimen de gobierno o su polaridad ideológica, es el deterioro de los niveles de vida, ingreso y bienestar de la mayoría de la población en el mundo. La raíz del problema de la seguridad pública no es la exacerbación del delito, sino el severo deterioro de los niveles de bienestar y certidumbre en el futuro. Eso mismo es la fuente de personal desechable para el crimen organizado.

Por lo tanto, el principal combate a la inseguridad pública no está en las calles sino en la recuperación del empleo y de los salarios. Y, para eso, es necesario reactivar la economía.