Política

Una gran diferencia

diciembre 14, 2019

Una gran diferencia objetiva y fácilmente advertible entre el gobierno de Enrique Peña Nieto y el de Andrés Manuel López Obrador puede verse con el arresto de Genaro García Luna, en Texas, y su presentación, encadenado de pies y manos, ante una corte, y el caso de la detención de Arturo Bermúdez Zurita, ominoso jefe policiaco de Javier Duarte, detenido durante el mandato priísta, y que salvadas algunas diferencias sustantivas presentan perfiles similares.

Mientras que en el gobierno peñista con sus oscuros acuerdos con el PAN, la aplicación de la ley era asunto sin importancia y cualquier delincuente podía salir de la cárcel por medio de expedientes mal hechos y frágiles denuncias, como fue el caso del llamado capitán Tormenta, que goza de la más absoluta libertad gracias a Yunes Linares y Jorge Winckler, la suerte del policía del calderonato está echada y nada lo salvará de pasar una larga temporada en prisión, dado que la limpia emprendida por el presidente morenista está alcanzando rincones insospechados con todo y que fuera apresado en EU.

En cambio, la libertad de la que goza Bermúdez Zurita, protagonista de una de las épocas más sangrientas en la historia reciente, y otros ex duartistas acusados y encarcelados espectacularmente con propósitos electorales, se ven ahora como potenciales y extraños acuerdos para que el policía, quien fuera también clave en el duartismo, alcanzara pronta libertad.

Los dos casos representan por sí mismos sendos hechos políticos y policiales de gran envergadura. Al igual que García Luna, Bermúdez Zurita fue quien articulaba varios de los componentes principales del régimen duartista: la corrupción gubernamental y la sangrienta estrategia de seguridad

También, de forma similar, el jefe policiaco del duartismo operó una parte sustantiva de la estrategia del saqueo y la corrupción, al sembrar entre la población un sentimiento de indefensión, zozobra y pánico mientras en las cúpulas políticas y empresariales se practicaba una rapiña que comprometió generacionalmente a Veracruz.

Cierto es que las secuelas sociales del duartismo en términos del sentimiento de inseguridad aún perduran, sobre todo porque se acrecentaron durante la gestión de Miguel Ángel Yunes Linares, la corresponsabilidad del panista en el actual estado de las cosas es mayúscula porque a su vez, hizo un gran trabajo depredando y saqueando al estado, en tanto la inseguridad y la violencia se fortalecía por todo el suelo veracruzano.

Por ello es de reconocerse que López Obrador está estableciendo una distinta forma de aplicar la ley y establecer en México un auténtico Estado de derecho, que en un mediano plazo permitirá acabar con la impunidad, la corrupción y sentará las bases para una nación más segura y justa que hará que los Yunes, los Bermúdez y los Duarte, ya no tengan cabida en el estado ni en el país.