Política

Intertextos

diciembre 03, 2019

*Casandra esperando a Godot

Los espíritus estrechos acusan siempre a los clarividentes de desear las desgracias que prevén. El deber de Casandra es el más triste que puede recaer sobre los amigos de la verdad.

Enrique Krauze

La literatura es política y la política es literatura. Las posibles combinaciones de ambas varían en el espacio y en el tiempo: puede que fluyan como el agua de la historia, o sea oxígeno casi puro, como lo fue la época del romanticismo, o hidrógeno ligero, como la utopía. La semiótica las mezcla una y otra vez en un juego de espejos, de signos y símbolos, elaborando la construcción de una gramática que aspira a la elocuencia retórica y pletórica de ideas, de pensamientos levantados a la luz de la razón.

El ser que imaginamos ser y el ser que podemos ser, se unen así en esta serpiente que se muerde la cola: la literatura desbordada de política y la política contenida a su sombra; en este caso, a la sombra de la dictadura. Asistimos invitados por José Miguel Naranjo tanto a la reflexión como a la acción –como acertadamente indica en el prólogo el Maestro Eugenio Vásquez Muñoz– convidados a "celebrar" las fiestas de la hybris: la del chivo y la del monstruo, esperando la justicia de enero o el acoso de agosto, esperando a Rodó que ha tomado la casa y ha dejado ese palacio con un gran solitario, el yo supremo, y a Pedro en el páramo.

Los antihéroes convocados por lo mejor de la literatura latinoamericana: Vargas Llosa, Borges, Galindo, Carpentier, Fonseca, Maggi, Cortázar, Avilés Fabila, Roa Bastos, Rulfo, todos ellos reunidos bajo la sombra de Calibán en el escenario político de América Latina, aquella antítesis de Ariel (que, como se sabe, representa lo elevado y lo espiritual) con la cual Miguel Naranjo epiloga inteligentemente mediante la sabiduría Zen.

En efecto, se trata de un koan el que nos propone Naranjo en el orden de su lectura en ese viaje por el archipiélago de las dictaduras latinoamericanas de los siglos XIX y XX que proyectan su sombra al XXI. La respuesta al koan la tienen los lectores.

Esta probada de la mejor literatura que nos enseña a apreciar el mundo que nos rodea y a reflexionar sobre el destino comunitario de nuestras sociedades latinoamericanas, se acompaña, a la sombra de la dictadura, de la significación política de la historia: es decir, la política no como teoría, sino como praxis que opone la exclusión a la inclusión, es decir, el autoritarismo a la democracia, en el conjunto de ensayos con los que David Quitano Díaz como coautor, acompaña la selección de los escritores arriba señalados, con otra inclusión de ensayistas, estos de orden político y sociológico.

Elías Aguilar Sánchez, Patricia Funes, Roger Picard, Moíses Naím, Petre Drucker, Charles Tilly, Zygmunt Bauman, Daniel Inneraty, Ortega y Gasset, son los pensadores convocados por David para mostrar los avatares político-sociales de nuestra época que antipolíticamente, nos llevaría a una espiral de silencio –como bien escribe Quitano–, pero que, mediante el quehacer universitario, y colegial, nos conduce con los libros, a la re-vista del pensamiento crítico y creador.

En este orden, ya Daniel Bell (1976: 30, 33) nos indicaba uno de sus pensamientos axiales para nuestra sociedad del conocimiento: la centralidad de la comprensión teórica como fuente de innovación y formulación política de la sociedad; esto es, la formación de una nueva intelligentzia en las universidades, los institutos de investigación y el gobierno, al realizar un reconocimiento social en apariencia sencillo: la publicación, es decir, la transferencia del saber a ámbitos cada vez más participativos.

Es así, como lo quería Vasconcelos –y lo epigrafía Quitano: "sólo los libros sacarán de la barbarie a este país"–, esto es, la forma en que El Colegio de Veracruz cumple su misión a través de la difusión y divulgación del conocimiento por sus profesores e investigadores, lo que nos lleva a la reflexión sobre el cauce político que estamos llevando como sociedad.

Los lectores del libro que ahora comentamos tienen la oportunidad de escuchar las voces de los novelistas y –parafraseando a Innerati– de observar las miradas reflexivas de los científicos de la política, pero como no se conoce con seguridad lo que se produce, el lector ha de basarse en modelos de comportamiento previsibles articulados con la perspectiva histórico-literaria-política que esta obra desarrolla.

En este sentido, y de manera muy clara, Spaemann considera que tomar partido por el principio de realidad es lo que define la posición de las "derechas", mientras que hacerlo por el placer, la imaginación o la utopía es lo característico de las "izquierdas" (1977: VII).

Así, no esperamos más a Godot, e intentamos romper con el teatro del absurdo moderno, por lo que escribe Quitano Díaz: (La) "transición del siglo XX al XXI ha marcado una serie de fenómenos de toda índole a nivel internacional exponiendo que nuestras economías y democracias estamos pasando por un período de densas transformaciones estructurales, las cuales reclaman de sociedades del conocimiento críticas y propositivas ante los problemas ocasionados por el desgaste institucional propios de dirigentes con escaso sentido del deber y una fuerte perspectiva mercantil".

Y Naranjo Ramírez, por su parte, escribe, no como teoría, sino como praxis: "Aquí se empieza a comprender por qué hemos vivido más de cien años en soledad y seguimos en soledad porque: Yo el Supremo aún no ha muerto".