Política

Seguridad y gobernados

noviembre 20, 2019

Hace un año, el estado estaba en la casi completa parálisis institucional. Se realizaban las labores administrativas habituales, los procedimientos burocráticos, pero la eficacia gubernamental y la resolución de los problemas públicos era casi inexistente o francamente simulada. Los gobiernos no han estado para los gobernados sino en contra de ellos. Reconfigurar al estado por lo menos en su funcionalidad básica requiere tiempo, hay que dimensionar y evaluar los daños dejados y figurar el mejor modo de resolverlos. Especialmente en el aspecto más sensible, en donde más dramáticamente se le ha ofendido con políticas públicas simuladas, estúpidas y civilmente costosas que han motivo de inmensa erosión: la seguridad pública y sus derivaciones. Esto ha sido la causa más importante de la erosión en la relación entre gobiernos y sociedad.

En el espacio editorial de ayer se decía que, pese a la adversidad, la sociedad encuentra los espacios creativos propositivos para incidir en el diseño de una nueva realidad. Una realidad más amable, más propicia para las relaciones colaborativas y la solución de los problemas comunes. Ahí la marcha y los instrumentos de redes sociales de los estudiantes universitarios dirigidos a visibilizar y desaparecer el acoso sobre las mujeres que, pese a tener posibilidades importantes de distorsión por el control y verificación de la información que se le ingrese, es un modo suficientemente público para disuadir la repetición del acoso.

Algo parecido sucede cuando en el sur del estado los padres y familiares de personas reaparecidas aportan indicios que siguieren que las instalaciones del Servicio Médico Forense de Coatzacoalcos había sido usado para desaparecer personas. Exigen se amplíen las investigaciones y funcionarios gubernamentales afirman que es un asunto de responsabilidad del municipio. Autoridades policiales sostienen que la exhumación de cadáveres es una práctica extendida para poder vender los espacios en el panteón.

La sociedad se organiza e interactúa con el gobierno para obligarlo a suspender los trabajos hasta no aclarar los hallazgos que al parecer sugieren la ingrata posibilidad de que en años recientes las propias instalaciones gubernamentales fueran escenario e instrumento del horror por diseño al que se ha sometido a la sociedad.

Es un asunto muy serio que debe ser aclarado a satisfacción porque de él se derivarían responsabilidades penales para personajes muy concretos de los dos gobiernos anteriores. En cualquier caso, parecemos haber llegado a un nivel se sensibilidad y organización ciudadana más protagónico y participativo. Conviene a las autoridades tener eso en cuenta; la relación gobernantes gobernados está cambiando y eso no obedece al arribo de un nuevo gobierno de características radicalmente distintas, sino a que la sociedad cambió y entonces, sólo entonces, hubo nuevo régimen.