Política

Sábado de Gloria

septiembre 08, 2019

Los operativos policiacos iniciaron desde el viernes antes de la medianoche. Para la mañana del sábado los vecinos estábamos seguros de que se trataba de la captura de delincuentes de alto riesgo o del rescate de un secuestrado. Las pocas personas que salieron a la calle se aconsejaban unas a otras que había que tener cuidado y, de preferencia, encerrarse. Las patrullas en cuatrimotos, vagonetas y camionetas con destacamentos policiacos, uniformados de la Guardia Civil y de la Guardia Nacional, patrullaban constantemente. En los portales noticiosos no había noticias, lo que acrecentaba la curiosidad. Por fin se descubrió el motivo: la senadora daría su informe y la acompañarían tales personalidades de la política nacional y estatal que era necesario ese despliegue de seguridad.

A las 11 de la mañana del sábado el auditorio (lo llaman IMAC) y sus alrededores estaban atiborrados de automóviles de gran tamaño, casi todos blancos, posiblemente de seis u ocho cilindros. Las siguientes tres horas las decenas de uniformados y otro tanto de choferes de tan altas personalidades –la Presidenta del Partido, el Senador de Senadores, el Gobernador, la Máxima Autoridad Universitaria y varias más– estuvieron bostezando.

Por fin llegó el aguacero y, por coincidencia, el fin de "tan esperado acontecimiento". Salieron huyendo. El congestionamiento vehicular por momentos fue superior a lo narrado por Cortázar en "La autopista del sur". Después regresó la relativa tranquilidad y la clase política reinante se retiró a saborear sus –supongo– austeros alimentos.

¿Cuánto nos costó a los ciudadanos tal despliegue de poder?, ¿por qué tenemos que pagar esto, que más que un acto democrático fue un acto de partido?, ¿por qué estoy enojado si voté por ellos? Precisamente por eso: porque esperaba que los comportamientos fueran diferentes; que la prepotencia y el derroche realmente hubieran quedado atrás.