Política

Café, transnacional, gobierno y política pública

julio 27, 2019

La reconfiguración institucional que ha echado a andar el gobierno federal es de muy amplio espectro, al igual que sus objetivos. Uno de ellos es el recuperar la capacidad de producción agropecuaria con el doble propósito de, por un lado, rescatar la soberanía alimentaria que el régimen anterior sacrificó en favor de las exportaciones en la ilusión estulta de un mundo globalizado; y por otro, reactivar el mercado interno y la opción preferencial por la producción nacional. El país carga con el pesado fardo de la dependencia casi total del mercado norteamericano, más del 80 por ciento de los intercambios comerciales internacionales son con Estados Unidos.

Hace tres meses, el gobierno del estado por medio de la Sedarpa dio a conocer su decisión de rescatar el café veracruzano abandonado por décadas. Decisión alentadora toda vez que el café veracruzano de altura es de calidad internacional, y debería tener una presencia mucho más vigorosa entre los consumidores europeos, norteamericanos y asiáticos. No es así porque las políticas neoliberales lo abandonaron completamente y lo dejaron al garete. Es preciso redefinirlas para colocar al café mexicano en condiciones de competir por los mejores mercados y, con ello, mejorar de forma sustantiva los ingresos de los pequeños productores y ejidatarios. La idea es hacerlo consensuadamente, con la participación de toda la cadena productiva del café. Para eso fue el foro de abril.

Los gobiernos federal y estatal, en atención a la agenda de empleo e inversiones en el estado, han avanzado en la facilitación de una nueva planta de la trasnacional Nestlé enfocada en la producción de café soluble. Lo que supone que la calidad del grano está subordinada al volumen del grano y hay variedades mucho más productivas que el café arábiga de altura, destacadamente el robusta, que tiene una calidad debajo de la media pero que es generosa con el número de granos que produce. Es la variedad en la que la trasnacional está interesada.

La inversión es necesaria por razones de generación de empleo estable y reactivación de la deprimida economía veracruzana luego de dos gestiones impresentables en la gubernatura del estado. Se corre el serio riesgo que para satisfacer la demanda de la industria alimentaria los productores privilegien e incluso desmonten matas de arábica en producción a favor de variedades que producen pronto y más, aunque la calidad sea muy inferior.

El gobierno del estado sabe esto y es de esperarse que instrumente políticas para conservar y proteger la variedad arábiga. No sólo eso, sino apoyarlo con lo necesario para relanzarlo, colocarlo en los mercados internacionales y competir en beneficio de los productores y el mercado nacional. Los productores de arábica se inquietan sobre que se promueva un aumento excesivo de las hectáreas con café robusta porque en los próximos años, en varios países, habrá mayor producción con costos de producción y precios muy bajos que llevaría a una baja aún mayor de los precios también de los arábigos lavados. Es sustantivo defender el arábiga y calidad del café mexicano, y hacer de él un nicho de oportunidad importante.

Si se va a instalar la trasnacional suiza con una planta dirigida al café, es imprescindible la protección de la calidad y de las superficies sembradas. No sacrificar la calidad por la producción industrial que uniforma y mediatiza. Frente a la instalación de una nueva planta Nestlé es preciso tener claras y explícitas las políticas compensatorias y de corrección de las distorsiones de mercado que habrán de venir.