El odio del fiscal a los veracruzanos
julio 25, 2019 |

El bienio pasado gobernado por el panista-perredista Miguel Ángel Yunes Linares será recordado por ubicarse como la primera alternancia en el poder político del estado, y confirmó por un lado el fenómeno que posteriormente se confirmó: el ascenso imparable de una opción de izquierda y la pérdida de base electoral y de posicionamiento del PRI, ocasionado principalmente por el catastrófico Javier Duarte. Se disparó exponencialmente el crimen organizado, y aunque en efecto, es un fenómeno con alcance nacional, el panista dilapidó el capital político al tratar de heredarle a su hijo la silla gubernamental, en medio de un incremento de la deuda pública y del desvío de recursos públicos para fines políticos, que ya comienza a desenhebrar el Orfis y la ASF en toda su magnitud.

Fue también la ocasión en que algunas instituciones pudieron consolidarse; pudo establecerse un auténtico equilibrio de poderes y hacerse realidad aquel discurso democrático y de honestidad como divisa en la función pública de la que tanto se llenaba la boca el ex mandatario azul. Sin embargo, fiel a sus atavismos y oscura historia personal, la minigestión sólo le alcanzó para ahondar la crisis institucional y moral del estado.

En ese gobierno autócrata, apalancado en efecto por el voto popular, Yunes Linares creó una estructura de control que paulatinamente se ha desmoronado por sí misma, por sus propias contradicciones y por los conflictos internos en el panismo. Sin embargo, aquel mismo afán revanchista en contra de sus enemigos políticos que le funcionó cuando menos discursivamente para ganar la elección, ahora mismo se trasladó a la misma sociedad que en su cerrado juicio, le dio la espalda y perdió la oportunidad de que el Junior prolongara el Estado de bienestar, progreso y certidumbre que el yunismo ponía como oferta sobre la mesa.

Le bastaron dos años de gobierno a la ciudadanía para percatarse que el doblez corrupto y la simulación del yunismo significaría para Veracruz, acaso una mayor tragedia que la heredada por el duartismo. La prueba de ello es la actuación del fiscal, Jorge Winckler, un último reducto yunista en el gobierno, cuya labor específica ha sido la de minar institucionalmente al gobierno, paralizando la labor de la FGE y abundar mediante sistemática campaña, en la percepción de que la responsabilidad de atacar el sensible delito del secuestro corresponde a otras instancias. En tanto, la falta de resultados y la inseguridad campea por todo el estado.

Todo ello ha contribuido a que las condiciones objetivas de inseguridad adquieran un cariz preocupante pues el gobierno estatal, sustentado en el voto ciudadano, no cuenta con el respaldo de una institución que se ha dedicado, usando los recursos materiales y humanos a su disposición, a cumplir obcecadamente con una agenda distinta a la ciudadana.

La revancha del yunismo en contra de la sociedad veracruzana queda por ahora en manos del fiscal Winckler, quien con su odio transmitido genéticamente por Yunes Linares a todos sus cuadros políticos, está dañando y carcomiendo profundamente a las instituciones veracruzanas con propósitos políticos evidentes. Nuevamente, los principales afectados son los ciudadanos de a pie.

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