¿Por qué alguien tiene que decirlo?
junio 30, 2019 |

Porque el silencio es la muerte, porque callar es el miedo, porque decirlo es el derecho de todos, porque alguien tiene algo más que el silencio: decirlo entonces no sólo es su derecho, sino su obligación, pues somos seres sociales. Porque en la vida del zoon politikón en la polis, la voz es sinónimo de democracia; porque más allá del animal que somos, la palabra es el instrumento de la vida humana, el verbo.

Porque al no callarlo expresamos no sólo una libertad, sino compartimos una experiencia. Porque callar muchas veces es sinónimo de obedecer. Porque ante el silencio crece el miedo; porque al decirlo incomodaré al otro, y si este otro tiene poder, intentará callarme, silenciarme. Porque al decirlo e incomodar al poder, estoy restando ese poder, hecho de miedo y de silencio. Porque al decir-lo, muestro mi vida y muestro mi espíritu, mi época, mi sociedad, mi nación y mi pueblo. Porque soy, somos, diferentes a los otros, y mi dicho será dulce para nosotros y agrio para los otros, pero de ese sabor agridulce está hecha la vida de los hombres. Porqué al decirlo me expreso a mí mismo, a pesar de mí mismo, y dejo de ser mí mismo.

La voz es la semilla del diálogo.

Porque el decir no sólo es repetir, sino disentir y replicar; el hablar es compartir, es salirse de uno, para pocos o para muchos, diferentes o iguales, blancos o negros, o grises, o amarillos, rojos, azules, tornasolados o morados y rojos: porque al decirlo estoy entonces pintando-me, y repintando mi sociedad de pintores: no ciegos, no sordos, no paralíticos, no temerosos: no mudos, sino vivos. Porque al decirlo seré discordante con el que manda, pero seré compañero del que demanda. Porque al decirlo seré concordante no sólo con mis compañeros, sino concordante con la expresión que es mi sueño, que es mi razón de ser, qué es mi vida.

Porque tengo derecho a equivocarme, a decir-lo mal o incompleto, o absurdo, o grosero, pero todo ello es mejor que el silencio: las piedras no hablan: duelen o sepultan. Y porque alguien, yo, tu, él, ella, nosotros, ustedes, ellos, ellas, somos voz y viento.

Y aunque las palabras se las lleve el viento, algo queda en el recuerdo, algo repica y replica en el recuento: como decía… "alguien"… el genio o el loco, la abuela o mi padre, el rey o el mendigo, Homero o Moisés, sor Juana o doña Lupita, Cervantes o El Tuercas: su voz es la marca de que estuvo vivo. De la semilla que se sembró, queda la flor del recuerdo.

Y ahora, nuestra voz es la voz de vos, la vida.

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