Política

Te aclimatas o te aclimueres

junio 15, 2019

Geopolítica

Las crisis de seguridad que viven México y Veracruz, y las emergencias económicas, de seguridad y derechos humanos provocadas por las amenazas del presidente estadunidense, no han permitido que la opinión pública se asome lo suficiente a informaciones recientes en torno a una crisis de aparente menor intensidad pero de mayor calado y efectos prolongados: la crisis ambiental en general y en particular la derivada del cambio climático global.

Para hacer frente a este fenómeno -cuyas consecuencias ya son patentes en el deterioro de la calidad de vida, de la salud humana y de los ecosistemas; incrementos de desastres por hidrometeoros extremos, disminución de la producción agrícola, entre otras - los organismos internacionales han configurado dos líneas de acción: la mitigación de los gases de efecto invernadero, como el dióxido de carbono y el metano, entre productos de la actividad humana; y la adaptación a situaciones que el cambio climático inevitablemente nos va llevando.

El último día de mayo la prestigiada revista científica Science publicó un editorial firmado por los investigadores Jonathan T. Overpeck, de la Universidad de Michigan, y Cecilia Conde, de la UNAM. Como su título indica, el editorial es un llamado a la acción por el clima antes de que sea demasiado tarde (https://science.sciencemag.org/content/364/6443/807). Copio tres párrafos:

"…Los extremos climáticos están causando graves pérdidas económicas a las naciones, y los problemas como el aumento del nivel del mar, la erosión regional, la escasez de alimentos, la propagación de enfermedades y la pérdida masiva de biodiversidad prefiguran costos cada vez mayores. El avance ha sido demasiado lento desde que 195 países firmaron el Acuerdo de París en 2015, comprometiéndose a mantener el aumento de la temperatura promedio mundial por debajo de 2 °C encima de los niveles preindustriales. Para evitar el desastre del clima planetario, todos debemos trabajar para acelerar iniciativas audaces que aseguren una salida rápida de la era de los combustibles fósiles, y llevar el dióxido de carbono y otras emisiones a la atmósfera de gases de efecto invernadero a cero de una manera que beneficie a todo el mundo…

"… las estrategias de adaptación requieren… darle mayor prioridad a la asociación entre académicos y no académicos. Sin embargo, también es muy claro que, en ausencia de mitigación del cambio climático, las estrategias de adaptación en muchos casos se verán rebasadas, lo que conllevará costos inaceptables para los sistemas humanos y naturales…

"La solución a la crisis climática requiere, por lo tanto, un fuerte compromiso con la equidad y la justicia, con los pueblos indígenas y las generaciones futuras …"

En contraste con la opinión de Overpeck y Conde sobre la necesidad de llegar a cero emisiones a la atmósfera de gases de efecto invernadero, el diario español El País publicó el 9 de junio un extenso artículo del filósofo y politólogo John Gray, de la London School of Economics, titulado "Cambio climático y extinción del pensamiento" (https://elpais.com/elpais/2019/06/08/opinion/1559993302_726412.html). Empieza por reconocer la existencia del fenómeno y de que sus consecuencias ya afectan a diversas sociedades, pero no acepta los beneficios de parar las emisiones de dióxido de carbono, o sea, de dejar de quemar combustibles fósiles:

"Una de las realidades que el ideario ecologista pasa por alto es la geopolítica. Pensemos en la idea, tan de moda, de que el mundo —o, por lo menos, el Occidente capitalista— debería dejar de utilizar combustibles fósiles. Desde el punto de vista medioambiental sería algo altamente deseable aunque no detuviese el cambio climático ni las perturbaciones que lo acompañan. Desde el punto de vista geopolítico, la receta provocaría turbulencias en todo el mundo. Algunos de los Estados más importantes necesitan estos combustibles para su existencia. El reino de Arabia Saudí se hundiría sin los ingresos que recibe del mercado del petróleo. Las rentas nacionales de Irán y Rusia dependen en gran medida de que el crudo sea caro. Para todos ellos, el final repentino del consumo de hidrocarburos supondría un descenso brutal del nivel de vida, así como una fractura política a gran escala. Tanto mejor, dirán los ecologistas. No son regímenes demasiado deseables.

"Pero sería una estupidez suponer que lo que surgiría a continuación sería mejor. El reino saudí se fragmentaría o sería sustituido por un régimen islamista más radical. Una Rusia empobrecida podría ser más belicosa y temeraria en su política exterior y de defensa. Con Irán privado de los ingresos del petróleo y sin perspectivas de seguir obteniendo beneficios, habría menos, no más posibilidades de un giro democrático en el país. La probabilidad de éxito de los cambios de régimen inducidos por las políticas ecologistas no es mayor que la de los cambios de régimen impuestos por la fuerza militar…"

¿Cuál de los dos platos pesará más en la balanza por el futuro de la humanidad y del planeta? Quizás a corto plazo –una o dos décadas- el de Gray, pero más adelante no hay más sopa que la de Overpeck y Conde.

Lo nacional

El Instituto Nacional de Ecología y Cambio Climático (INECC), organismo sectorizado de la SEMARNAT responsable principal de la política nacional en la materia, publicó a inicios del año una evaluación de dicha política, que condujeron académicos y expertos independientes coordinados por el propio INECC. Llama la atención lo contundente y crítico de la evaluación. Como bien lo resumió el editorial de La Jornada del 7 de junio (https://www.jornada.com.mx/2019/06/07/edito) "…la política en la materia debe ser transversal, pues hasta ahora no ha permeado de manera uniforme en los distintos sectores económicos ni en los mecanismos de planeación de las dependencias. Asimismo, se presentan marcadas diferencias entre los niveles administrativos, pues mientras a escala federal hay avances en la información pública gubernamental disponible, el acceso a ésta es complejo en las entidades federativas y resulta prácticamente inexistente en el ámbito municipal…".

Pero el editorial no se queda en el resumen, sino que abunda: "…En un escenario en que China y Estados Unidos producen por sí mismos 40 por ciento de las emisiones globales, resulta claro que cualquier esfuerzo emprendido desde nuestro país está condenado a ser estéril, máxime cuando el segundo mayor emisor se encuentra gobernado por un individuo, Donald Trump, que niega la existencia misma del cambio climático y ha retirado a su país de todos los acuerdos internacionales con que se busca atajar la catástrofe…"

En efecto, parece que en la mitigación de los gases de efecto invernadero el papel de México –y de Veracruz- no es muy relevante: nuestros esfuerzos deben ir encaminados de manera firme a prepararnos para la adaptación.

Para revisar cómo andamos en políticas públicas ante el cambio climático, la Universidad Veracruzana organizó un coloquio que transcurrió en la mañana del 3 de junio en la Unidad de Humanidades, en Xalapa. Tanto Judith Domínguez, de El Colegio de México, como María Eugenia Ibarrarán, de la Universidad Iberoamericana Puebla, se refirieron a la evaluación del INECC ya comentada. Destacaron la transversalidad del cambio climático contra la poca o inexistente información disponible, sobre todo a escala municipal; la descoordinación entre órdenes de gobierno, la falta de entendimiento en las comunidades y autoridades de las implicaciones del cambio climático; la necesidad urgente de generar capacidades y de garantizar presupuestos específicos para enfrentarlo. En cuanto a mitigación de emisiones de gases de efecto invernadero, resaltaron la falta de participación de estados y municipios en las oportunidades de generar energías limpias y que no hay vínculo entre la planeación del sector energético (la vuelta al carbono) y la política nacional de mitigación.

Ibarrarán –que formó parte del equipo evaluador- recordó que esa evaluación contempló también muestras de las escalas estatal y municipal, dentro de las cuales estuvieron el estado de Veracruz y los municipios de Atzalan, Coatzacoalcos y Veracruz. Aunque nuestros tres municipios resultaron con calificaciones casi reprobatorias, al estado de Veracruz no le fue tan mal, al menos en el papel, sólo superado por el estado de México. Pero la realidad es otra.

Hace tres meses, la UV, a través de su Programa de Estudios de Cambio Climático, presentó en un acto público (11 de marzo, sala anexa Tlaqná, en Xalapa) un documento con 65 propuestas mínimas para enfrentar el cambio climático en el estado (https://www.uv.mx/noticias/files/2019/03/VERACRUZ-ANTE-EL-CC-PROPUESTAS-MI%CC%81NIMAS-2019-2024.pdf). Ante la indiferencia que el gobierno estatal ha hecho patente en esos tres meses, en el coloquio Rogelio Rendón, de la Facultad de Economía de la UV, y Beatriz del Valle Cárdenas, del Fondo Golfo de México, A.C., se refirieron a esas 65 propuestas.

Las hay muy específicas como generar planes por regiones del estado para la adaptación del sector agrícola al cambio climático, mejorar la capacidad de los dirigentes políticos y empresariales para entender el asunto, vigilar la ocurrencia e intensidad del fenómeno mismo, programas de educación y comunicación dirigidos a docentes, estudiantes y población abierta; fortalecer el manejo de las áreas naturales protegidas, mejorar los controles de vectores transmisores de enfermedades, considerar al cambio climático y poblacional en el futuro del manejo del agua así como promover el uso de agua de lluvia, por ejemplo. Pero hay otras a las que ineludiblemente tendría que entrarle la clase política estatal: reformar la ley de cambio climático que ya es obsoleta y que debería alinearse a la ley federal y al Acuerdo de París; actualizar el programa estatal, que fue el primero en el país pero que ya tiene diez años; etiquetar recursos, entre ellos una porción del Fondo Ambiental Veracruzano, para financiar acciones contra el cambio climático.

También se hacen propuestas sobre mitigación de emisiones, como actualizar el inventario de lo que emite el estado, ser eficientes en el uso de la energía y fomentar el uso de energías limpias, con la consideración ya apuntada de que en cuestiones de mitigación la contribución veracruzana a la solución del problema es más bien marginal, pero puede ser fuente de recursos si se certifican procesos ante organismos internacionales de financiamiento y, de esta manera, derivar fondos para la adaptación.

Lo individual

Es frecuente que cuando se le plantea a un auditorio la magnitud de las consecuencias del cambio climático, la audiencia pregunte cómo puede ayudar a paliar el problema. El conferencista empieza a titubear y recurre a recomendar el ahorro de energía, la sustitución de lámparas incandescentes por ahorradoras, caminar en vez de usar el automóvil, reforestar y consumir sólo productos regionales. Todas estas medidas son saludables para el planeta y para el individuo mismo, pero no ayudan significativamente a enfrentar el cambio climático.

La real fuerza de la iniciativa individual está en la presión social. Presión ciudadana para que los dirigentes políticos le entren al tema; procuren la mitigación de emisiones pero sobre todo impulsen iniciativas de adaptación al cambio climático, que pasan por eso que se llama justicia climática: que los causantes y beneficiarios del calentamiento global contribuyan a proteger a las víctimas del cambio climático; que hoy más que antes entiendan que es cierto el viejo dicho de "te aclimatas o te aclimueres", y que todos estemos claros de que en efecto la violencia y la inseguridad son hemorragias dolorosas que deberíamos parar ya, pero que van acompañadas por un mal silencioso y paulatino, parecido a una hipertensión o una diabetes o ambas juntas, que conforman un síndrome paulatino pero letal que se llama cambio climático antropogénico.

*El autor coordina el Programa de Estudios de Cambio Climático de la Universidad Veracruzana (PECCUV) pero sus opiniones no representan necesariamente las del Programa.

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