Política

Torpedeos

junio 15, 2019

Termina una semana particularmente intensa para el país. Entre los amagos tarifarios a bote pronto del atípico gobierno de los Estados Unidos; la diplomacia de contención y gane tiempo a la que se obliga al gobierno a improvisar; las atendibles y duras críticas del diputado Porfirio Muñoz Ledo y el amparo concedido para suspender las obras del aeropuerto de Santa Lucía, pareciera que se han desatado las Erinias griegas o las Furias romanas contra un gobierno mexicano empecinado en reconstruir de nueva cuenta la República.

No puede dejar de pensarse en que la élite tecnocrática neoliberal que gobernó al país desde 1982, dejándolo en las condiciones calamitosas en las que está, tiene un gestor sentado en la mesa de las decisiones gubernamentales estadounidenses y en la mesa familiar del presidente Donald Trump. No fue poca cosa su fugaz e impensada visita al país en plena campaña por la presidencia hace casi tres años. Visita armada entre el yerno de Trump, Jared Kushner, y el inefable Luis Videgaray, con quien mantenía algún tipo de relación de amistad. No es descabellado pensar que la amenaza de guerra tarifaria haya sido disparada por la intercesión de Kushner a solicitud del propio Videgaray.

Y así como el gobierno federal ralentiza su marcha por atender la crisis coyuntural, el gobierno del estado también enfrenta su propia andanada de problemas nada despreciables. En un estado asolado por la violencia desde hace casi una década, testigo de horrores macabros y con un saldo misógino a cuestas que indica con claridad una patología social a la que hay que atender, explota una andanada violenta precisamente durante la semana que termina. El gobierno panista de Tamaulipas dice que blindará la frontera con medidas radicales por la inseguridad al norte del estado, un ataque armado letal contra unos migrantes y el rescate de un estudiante secuestrado es cuestionado por el fiscal Winckler en lo que se entiende como su verdadera función en el puesto, establecer el diferendo con el gobierno y desvalorarlo.

Es posible que todo sea una cadena fortuita de acontecimientos, pero es improbable. Pareciera más verosímil la idea de acciones concertadas.

De nueva cuenta la nación está en disputa. No ahora entre élites depredadoras y asesinas, como en 1994, sino entre quienes gobernaron casi 40 años con un modelo de concentración del PIB en pocas manos y el empobrecimiento de millones; y quienes desean transformar al Estado mexicano en un Estado benefactor que se haga cargo de que el ingreso nacional sea racional y democráticamente distribuido.