Política

Vivir el duelo

junio 13, 2019

Uno de los costos poco valorados de 12 años guerra imbécil con su explosión violenta y morbosa es, duele pensarlo, el envilecimiento de la sociedad. Pasa cuando los horrores son la constante y el miedo cala al fondo de una cotidianidad que se sobrelleva apenas mejor si se cierran los ojos, o si se encuentra el modo de evadirse aunque sea por un rato, aunque pase. El miedo no desaparece, ni se atempera. Ahí sigue, latente pero asechando.

Los miedos producen enojo y el enojo violencia. Ansia no sólo de castigo para los perpetradores, sino también de venganza. Y el hambre de venganza obnubila, enceguece. De ahí la inquietante frecuencia de linchamientos populares.

Por la mañana de ayer secuestraron a un conocido colega periodista, Marcos Miranda Cogco. Hace un par de días, en la Ciudad de México, fue hallado el cadáver del joven estudiante Norberto Ronquillo.

Organizaciones empresariales reclaman mayor seguridad al gobierno. La demanda es justificada. El tamaño de la devastación institucional del régimen anterior es descomunal. Hasta ahora sólo ha sido electoralmente vencido, no desmontado.

Por eso es especialmente aleccionadora la actitud de la madre del estudiante Norberto Ronquillo, quien pese al devastador desgarre de saber muerto a su hijo, no obstante haber pagado el rescate, no culpa a los gobiernos. Ni al actual de la CDMX ni a los del régimen anterior, sino que llama a todos al cambio social por medio del compromiso individual con la serenidad y el perdón como el camino para la construcción de una sociedad nueva. Sin miedo, sin rencores. Sin olvidar el dolor, pero procesándolo con compasión.

Es una gran lección.