Política

La insoportable transparencia

mayo 25, 2019

Desde los años 70 se hizo evidente y abierta la distorsión en la relación entre el poder político y los medios de comunicación social, especialmente la prensa escrita, luego del golpe a Excélsior en los meses finales del gobierno de Luis Echeverría, hace casi 43 años. Su sucesor, José López Portillo, solía justificar el no comprar publicidad a la revista Proceso con el dudoso argumento de "no voy a pagar para que me peguen". La historia del asunto ilustra con sobrada generosidad la distorsión entre el poder gubernamental y la prensa incómoda, crítica.

A la vuelta de los años creció el conflicto y temor de los hombres de gobierno a que se hicieran públicas y analizaran sus decisiones y relaciones de poder. No sólo entre ellos, sino con todas las fuentes de poder en la sociedad. Durante décadas el país ha vivido con un pie en la realidad inapelable de la dureza de la vida cotidiana y la realidad virtual, creada por las manipulaciones informativas gubernamentales. Cuando las empresas informativas hacen cabalmente su labor, se incomoda al poder. En México y especialmente en Veracruz, la tarea periodística es y ha sido de muy alto riesgo y no sólo en el nivel homicida, que de suyo ya sería bastante, sino también en el nivel económico con el ahorcamiento de la publicidad gubernamental.

En éstos días se han hecho públicos parte de los gastos dedicados por el gobierno de EPN a untar la mano de connotados comunicadores, y otro tanto de periodistas bastante menos conspicuos. Las cantidades dadas a conocer son obscenas.

Los periodistas más notorios han hecho uso de su tribuna para deslindarse de tales informaciones y ellos junto con las empresas que los alojan han iniciado lo que parece ser un curso de abierta confrontación con el gobierno federal.

Todo esto es así por la simple razón de que las relaciones entre el poder y la prensa no han sido nunca ventiladas con transparencia. Lo mismo pasa con en las entidades federativas. Urge, pues, que los gobiernos establezcan reglas claras del juego, que se definan abiertamente y que el dinero que dentro del convenio de la Unesco conocido como el Informe MacBride, sea instrumentado con completa transparencia.

Es impostergable que la sociedad esté ampliamente informada no sólo del acontecer cotidiano, sino del tipo de relación que el poder público mantiene con los medios de comunicación.

Por lo pronto, luego de la filtración de los híper pagos gubernamentales a ciertos periodistas y su completa desaparición por parte de la actual administración federal, es de esperar una respuesta más o menos virulenta y sostenida por parte de los exhibidos. Un frente abierto innecesario dirán algunos. Es posible. Pero la raíz del conflicto ha sido expuesta. Será necesario actuar con consecuencia.