Política

Reaprendizaje y tolerancia

mayo 23, 2019

Pese a la empoderada diversidad sexual veracruzana, donde quienes viven y disfrutan de sexualidades distintas toman las calles, las colorean y rompen la reprobación nugatoria que los invisibiliza y cancela su humanidad, la sociedad veracruzana sigue cargando reflejos e impulsos de intolerancia criminal. Veracruz, junto con Oaxaca y Jalisco son estados donde las comunidades gay son amplias, combativas y aceptablemente reconocidas. Sin embargo, este estado carga con el más alto índice de crímenes de odio del país. En el sexenio federal anterior y durante los ocho años de prianismo mustio simulado, aumentaron los crímenes de odio en el estado.

Al canon impuesto como el único legítimo por las religiones y la gazmoñería decimonónica se sumó la dejadez, la indiferencia criminal de dos administraciones al hilo.

La cosa empeora si se atiende a la exposición a la violencia cotidiana normalizada en los ámbitos en los que se desenvuelven. Una violencia subyacente y perenne que funciona como poderoso disuasivo para la denuncia de las víctimas.

Siete estados concentran casi la mitad de los asesinatos LGBT en la última década. Veracruz encabeza la lista de ellos. Los crímenes de odio en el estado suelen ser especialmente sádicos. La mayoría de los cuerpos de los hombres gay/ homosexuales asesinados fueron encontrados en sus domicilios con heridas provocadas por objetos punzocortantes o asfixiados, los cuerpos de las mujeres trans fueron encontrados en alguna calle o en lotes baldíos con heridas provocadas por armas de fuego y punzocortantes. La diferencia en el tipo de violencia es reveladora. En el caso de los primeros hay enojo y afán de castigo personal, de revancha. En el caso de las mujeres trans hay negación, rechazo fanático a su existencia.

De esto, la sociedad completa es responsable. Tales crímenes y sus particularidades son posibles porque existe una importante base social que los tolera, que los acepta y hace nada para corregirlo.

No es asunto menor porque, además de los crímenes de odio contra la comunidad LGBT, están ahí, insolentes frente a la autoridad, la inmensa lista de mujeres asesinadas por sólo hecho de ser mujeres.

Es, desde luego, importante lo que el gobierno haga en materia de políticas públicas y de exposición de un problema que atañe a todos. Pero es determinante lo que la sociedad haga por sí misma para sanearse e iniciar su reaprendizaje de tolerancia.