Política

300 años de música virreinal en México

mayo 19, 2019

Consumada la conquista española en 1521, se construyó la Ciudad de México sobre las ruinas de la antigua Tenochtitlán, ubicada en una isla del lago de Texcoco; la impresionante arquitectura de los edificios novohispanos logró que la capital del virreinato fuera conocida como la "Ciudad de los Palacios", por su grandeza arquitectónica. La población de la Nueva España comprendía españoles, criollos, indígenas, negros, mestizos y mulatos, formando un mosaico cultural que desarrolló una cultura, un arte y una música de enorme belleza, con características muy particulares.

Seis años después de la conquista se construyó el primer templo de México sobre las ruinas del templo de Huitzilopochtli; el emperador Carlos V envió en 1535 a Don Antonio de Mendoza como primer virrey de la Nueva España, y el franciscano Juan de Zumárraga fue nombrado el primer obispo de México. En 1573 se inicia la construcción de la Catedral de México que desde sus orígenes se convirtió en el centro hegemónico de la producción musical del virreinato. Durante el siglo XVI se sucedieron cuatro maestros de capilla: Juan Xuarez, Lázaro del Álamo, Juan de Victoria, Hernando Franco y Juan Hernández; los maestros de capilla presentaban un complejo examen de oposición donde debían demostrar sus conocimientos teóricos y en materia de composición para acceder a tan difícil cargo.

Siendo Juan Xuarez el primer maestro de capilla, en 1536, las autoridades de la catedral determinaron establecer como modelo la liturgia y los cantos de la Catedral de Sevilla; a su semejanza se integró el coro de niños, los llamados "seises". Correspondió a Lázaro del Álamo dirigir la música de las exequias de Carlos V, el 29 de noviembre de 1559, donde se cantaron obras del compositor español Cristóbal de Morales.

A finales del siglo XVII la catedral contaba con un órgano proveniente de España; en 1540 llegó Antonio Ramos, primer organista de la catedral. Durante el siglo XVII la Catedral de México tuvo como maestros de capilla a Juan Hernández, Antonio Rodríguez de Mata, Fabián Pérez Ximeno, Francisco López Capillas, que fue el primer maestro de capilla nacido en México; y José de Agurto y Loayza; durante este siglo la Catedral de Puebla alcanzó un gran auge, principalmente con los maestros Gaspar Fernández que escribió cerca de 600 villancicos, y Juan Gutiérrez de Padilla, quien se destacó como uno de los grandes compositores de música sacra polifónica. Cabe señalar que la Catedral de Puebla surtía su música de la Catedral de Toledo, y su presupuesto anual llego a ser de 14 mil 500 pesos en oro, mientras que el de la Catedral de México era de 6 mil pesos anuales en oro.

Durante el siglo XVIII la música alcanzó una estética muy particular, los maestros de capilla de México fueron: Antonio de Salazar, que colaboró con Sor Juana Inés de la Cruz musicalizando villancicos, Manuel de Sumaya quien era egresado de la Universidad y ostentaba el título de bacheller en música, destacado compositor nacido en México que compuso en 1711 La Partenope, primera ópera mexicana; le sucedió en el cargo el eminente compositor italiano Ignacio Jerusalem y Stella, autor de los Maitines a la Virgen de Guadalupe, una de las más grandiosas obras de la música novohispana; posteriormente estuvieron Mateo Tollis de la Roca y Antonio de Juanas, último maestro de capilla de la Catedral de México.

Es importante mencionar el tratado para guitarra barroca del español Juan Antonio Vargas y Guzmán, maestro de guitarra avecindado en la ciudad de Veracruz, cuyo método, fechado en 1776, contiene varias sonatas para guitarra. Y la obra Pasacalles y obras de guitarra, de Santiago de Murcia, que contiene 68 piezas, danzas en su mayoría, donde se pueden apreciar cumbees y zarambeques, danzas con ritmos negros, así como una sonata en estilo italiano en tres movimientos; estas obras que han sido determinantes para entender la amalgama de los ritmos europeos, negros y mestizos que formaron el folklore nacional.

Cabe destacar cómo la música virreinal mexicana sentó las bases del posterior desarrollo musical de México, coadyuvando de manera determinante en la creación de una estética mestiza, propia del nuestra cultura mexicana.