Política

DIVERSIFICACIÓN Y PROTECCIÓN AL EMPLEO

mayo 08, 2019

Pese a que una de las prioridades mayores en la agenda nacional era la diversificación de nuestro comercio exterior esta meta quedó diluida. Hoy nos encontramos irremisiblemente orientados hacia el mercado norteamericano. No solo eso, nuestros socios estadunidenses insisten en que arreglemos nuestros asuntos internos al gusto suyo, de esto depende que ratifiquen la nueva versión del TLCAN firmado el último día de la administración del presidente Peña Nieto.

Aunque todo parece depender del estado de humor del presidente Trump, la aprobación legislativa vendrá. Son muchos los intereses en Estados Unidos que quieren ese vínculo formal entre los dos países.  Entre otras razones anida el factor China cada vez más activo en América Latina.  

El nuevo TLCAN implica varios asuntos de importancia. La concatenación de las producciones y de los mercados de los dos países lleva a especializaciones agrícolas e industriales mexicanas que calcen con la economía de Estados Unidos. La modificación de algunos salarios de nuestra industria automotriz para acercarla a los norteamericanos nos amarra mejor como el  socio pasivo que se imbrica en la actividad de Estados Unidos. Gozando las ventajas  aportar directamente los  componentes que allá se requieran, la industria mexicana se ajustará  a los requerimientos de los socios allende la anunciada  barda.

Hay algo más.  Durante muchos años pervivió en la consciencia colectiva mexicana el mito de que por aquel ya lejano Tratado de Bucareli de 1923, por el que Obregón obtuvo el reconocimiento norteamericano, Estados Unidos exigió que se detuviera la marcha de  anchas franjas de la industria nacional. Mucho se elucubrió y escribió  sobre esta versión que a la postre quedó definitavamente desechada.

Sería otro tratado sin embargo, el TLCAN que firmamos en 1994, corolario de nuestra adhesión al GATT en 1985, que impuso limitaciones reales a nuestro desarrollo al ceñirnos firmemente al patrón de la economía "neo liberal", como ahora se estila decir, y  amortiguó la  aspiración a diversificar geográficamente los intercambios económicos  para orientarlos  hacia el  gran mercado de Estados Unidos.

El camino hacia el desarrollo de nuestra industria quedó limitado. La aplicación de los principios del GATT, ahora la Organización Mundial de Comercio (OMC), puso un cotidiano freno a las políticas que el gobierno mexicano podría emplear para proteger, cuando fuese necesario, las actividades necesarias para sostener una industria propia fuerte y competitiva e independiente.

Hoy, por respeto a los principios de la libre competencia que suscribimos  no es correcto sugerir siquiera proteger nuestras actividades agrícolas o industriales  contra la invasión de artículos que, gracias a la apertura arancelaria vigente, llegan a nuestro mercado a precios de venta incluso por debajo del costo de nuestra producción.

Según la tesis liberal, las agresiones comerciales se responden con mayor productividad. Pero esta fácil respuesta supone contar con insumos más baratos y infraestructuras nacionales maduras. Igualar condiciones de competencia requiere a veces imponer transitoriamente impuestos y licencias de importación. Así apoyadas se llegar a contar con productos competitivos en los mercados internacionales además del propio. Ese apoyo es indispensable para defender niveles sanos de empleo.

Pero el presidente de la República instruye a su gabinete a sostener tesis tan neoliberales como la de una completa e ilimitada libre apertura de mercado que deja sin futuro a un buen número de productos hechos por trabajadores mexicanos y de alto contenido nacional. Es urgente  la efectiva coordinación  entre sus secretarías de economía, agricultura y trabajo para que concuerden las políticas del Plan de Desarrollo.

Todos los países lanzan valientes campañas de exportación y  consignas como America First o Make in India  de protección al empleo. El que se insista en que continuemos siendo una de las economías más abiertas del mundo es una ironía en oposición a lo que exige la etapa de desarrollo en la que nos encontramos. La diversificación de los mercados es en realidad el mejor instrumento para ampliar el empleo.   Es tiempo de actuar.

juliofelipefaesler@yahoo.com