Política

La razón del terror

abril 22, 2019

La saña obsesiva que describen los testigos de la masacre de Minatitlán, sugiere el alcance y profundidad del daño causado por 12 años de guerra interna con la excusa del crimen organizado, específicamente el narcotráfico. Pero la violencia desatada en el estado y el resto del país desde diciembre pasado, no obedece tanto a la descomposición social por más de una década de conflicto armado y profusión de bajas colaterales, como al aliento que hacen por ella los poderes fácticos que actúan en el país y el estado. Bien visto y guardadas las proporciones, se asemeja lo suficiente al boicot que hicieron las fuerzas nazis derrotadas que resistían la ocupación aliada de Alemania durante los primeros meses después de la derrota del Eje.

A eso se refiere el presidente López Obrador cuando al llegar a sur del estado dice que el gobierno anterior dejó un cochinero en el país. El presidente no exagera, el daño es mayúsculo. Ahora, dados los acontecimientos, hay motivos para pensar que no sólo hicieron un daño económico estructural al país, sino que siguen actuando en tiempo real en un boicot concertado. Eso explica el repunte de la violencia criminal desde diciembre pasado que ha hecho que se alcanzara un nuevo récord en el estado y el país.

Hay quienes reclaman al gobierno en funciones, están en su derecho, desde luego, pero es peregrino pensar o creer que es el resultado del desempeño de éste gobierno y no de los anteriores. Esto es una dinámica que marca al país desde hace años. El agravio continúa por sus efectos acumulados y por las inercias que se hicieron hábitos. El problema no es menor. Ni remotamente. Es lo suficientemente importante para considerarlo un asunto de seguridad del Estado. El asunto de la violencia es tan importante y tan grande como el de la corrupción, y en algunos puntos son convergentes. Lo que explica que el presidente lo lleve a discutir al gabinete.