Política

REVOCACIÓN DEL MANDATO O SIMPLE CONFIRMACIÓN

marzo 25, 2019

La institución de la revocación del mandato aprobada en la Cámara de Diputados responde a una antigua exigencia de las organizaciones cívicas luchadoras por la Democracia. A ellas debemos instrumentos que ahora existen como padrones electorales confiables, credencial con fotografía, el INE, entidades que reglamentan y tribunales que vigilan la limpieza de las elecciones. No hay, sin embargo, que aceptar todos sus planteamientos de manera acrítica.

La revocación del mandato tiene por función exigir eficacia y honradez en los gobernantes. Es necesaria una vigilancia constante del electorado, última autoridad. Esto incluye poner un hasta aquí al ejercicio inaceptable de un gobernante. Es una ironía que, por legalismos, el funcionario ineficaz o abusivo permanezca en su cargo cargando a la ciudadanía el peso de sus desaciertos que se traducen en abandono de necesidades sociales o dispendios irresponsables de los dineros públicos.

La revocación del mandato puede ser la respuesta. Una vez que la ciudadanía ha lanzado ese proceso para enfrentar al funcionario a su posible destitución, queda por resolverse el método que para transmitir sus funciones a su sustituto. Sin atender este detalle la eventual revocación de mandato se convierte en campo de rivalidad, sementera de confusión o dañina farsa política que debilitó la democracia.

Otro elemento que hay que tomar en cuenta es la celeridad con que tiene que operarse la revocación. En puestos de corta duración como los de presidentes municipales, el tiempo que se lleva en preparar y realizar el proceso rebasará la duración misma del cargo.

En el caso del presidente de la República si se inicia el proceso revocatorio a la mitad del lapso sexenal puede contarse con suficiente tiempo para concertar la consulta, preparar un procedimiento correctamente organizado y realizado.

Revocar el mandato al presidente supone prever quien tomará su lugar. Tratar el asunto como renuncia, ausencia o desaparición implica abrir un período provisional con el compromiso de convocar a nuevas elecciones. El proceso revocatorio podría significar entregar el poder a un suplente como se hace con los diputados que renuncian. Pero en México no hay suplente para el cargo de presidente. ¿Acaso de nuevo crear la vicepresidencia?

La revocación del mandato aprobada como institución por los diputados de Morena, vía un crudo mayoriteo, está por ser examinada por el Senado para su aprobación o rechazo.

En cualquier sexenio, actual o futuro, debidamente blindado contra cómputos alterados o dudosos, el proceso de revocación podría tener éxito y destituir al presidente. Habrá que tener listo el procedimiento de escoger a la persona que asuma el ya vacante puesto.

Sería incongruente y democráticamente inadmisible entregar el cargo a quien no haya sido electo para ello. El encargado de suplir ese vacío sería provisional para convocar elecciones a nivel nacional. Por sí solo este inevitable detalle, que figuraría en la Constitución, derriba el gran andamiaje de argumentos en favor de la revocación.

A rango presidencial una revocación consumada desataría caos político y social tan solo en la identificación del sustituto. Frente a semejante panorama la lógica y el realismo aconsejan, pese a cuanta inconformidad popular pueda existir contra el régimen, una pragmática confirmación del mandato en lugar de la revocación y sus comicios.

Por el contrario, el problema de llenar en forma democrática el hueco que una revocación de mandato implica, sin suspender la vida nacional con la inevitable elección general, imposibilita en términos prácticos la aprobación de esta institución, aun buscando soluciones existentes o imaginarias.

En un terreno realista, es muy alta la probabilidad de que López Obrador, auto sujetándose a un proceso revocatorio como el que ahora propone, salga confirmado en su cargo. Una clamorosa mayoría en plaza pública reafirmará su mandato. Así autorizado, podría llevar a nuevos planos su proyecto de transformación nacional, aun firmando un compromiso de no reelección.

La cuestión de la revocación del mandato es trascendente. Hay que situarla por encima de las supuestas intenciones de López Obrador. Una vez más se pone a prueba la capacidad del Senado de actuar con objetividad, independencia y con mirada al futuro.

juliofelipefaesler@yahoo.com

25 de marzo de 2019