Política

La Universidad del Pueblo: educación para un mundo en desarrollo

marzo 19, 2019

(primera parte)

El estado de abandono que guarda la educación en gran parte del sector rural de México es el ejemplo más evidente de como el sistema educativo concentró sus esfuerzos y recursos en las zonas urbanas dejando en franca desventaja a las zonas rurales. Comunidades campesinas enteras, muchas de ellas conformadas por pueblos originarios, fueron condenadas a un subdesarrollo permanente donde la pobreza, la ignorancia, el analfabetismo y la marginación, encontraron condiciones muy apropiadas para su reproducción. Nadie ignora que la educación es el insumo fundamental para combatir la pobreza y la ignorancia, su relevancia y trascendencia están fuera de toda discusión, sin embargo, datos históricos revelan que ésta no ha alcanzado a todos por igual, afectando más a sectores donde, por razones de distancia, accesibilidad y comunicación, quedan al margen de sus beneficios. Ante estas calamidades, muchos mexicanos han tenido que interrumpir sus estudios desde temprana edad, condenándose a un estilo de vida de ignorancia, pobreza y escases de oportunidades de desarrollo. Muchos de ellos fueron excelentes alumnos en su momento, sin embargo, también fueron víctimas de una crisis económica agobiante y un sistema educativo excluyente que les impidió acceder a más y mejores niveles de educación. No obstante, los tiempos actuales donde la ciencia, la tecnología, el desarrollo de los sistemas educativos y, sobre todo, la resistencia a aceptar la ignorancia como una suerte echada, revelan que todavía hay esperanzas para quienes fueron privados de esa oportunidad.

El campo mexicano está lleno de hombres y mujeres talentosos que añoran la oportunidad de aprender y depurar un conocimiento que les permita mejorar sus precarias condiciones de vida. Los entornos económicos en que viven ahora son más adversos debido a un modelo de desarrollo rural agotado y a condiciones climatológicas cada vez más difíciles y cambiantes. Sin embargo, eso no les ha impedido soñar con la posibilidad de alcanzar metas educativas y de capacitación como las que en su momento se trazaron. Estas reflexiones van dedicadas para esa población rural que, por razones diversas, sigue arraigada en el campo, y que ahora emerge como la esperanza de un sector alimentario que los necesita para la producción de básicos, buscando asegurar el abasto alimentario de una demanda creciente.

El desarrollo de la ciencia y tecnología es innegable, los alardes de vigencia, presencia y dominio que ejercen sobre amplios sectores de la población son evidentes, sin embargo, sus bondades siguen sin alcanzar a todos por igual. La sinergia de una economía campesina rezagada, atrapada en la pobreza y la ignorancia, contrasta con la de una economía global, dinámica y cambiante. No obstante, la globalización llegó para quedarse e impone nuevos desafíos y oportunidades para la población, que impactan severamente en sus ingresos y condiciones de vida. La vigencia de un modo de producción agropecuaria extractivista, primario exportador, perfiló un panorama de abandono y crisis en el campo mexicano, convirtiendo en potreros y acahuales grandes extensiones de su

superficie, aunque sin ganado ni agricultura debido a la escases de agua y al deterioro y erosión de los suelos productivos.

La Universidad del Pueblo una opción

Construir una propuesta educativa de excelencia para el desarrollo de los pueblos, concebida desde sus necesidades básicas y considerando sus entornos económicos, sociales y ambientales, es algo desafiante. Los resabios del pasado, aunados a la costumbre de vivir en la pobreza y el subdesarrollo, generan escenarios de pasividad social. La Universidad del Pueblo es una opción convencida de que el acceso a la educación superior es un ingrediente clave en la promoción del desarrollo económico y un insumo fundamental para transformar las vidas de las personas. Es motor esencial para mover la maquinaria del cambio social, además de aumentar la dignidad y autoestima de las personas proporcionándoles los medios necesarios para combatir la pobreza. En este sentido, además de ser un proyecto educativo es un importante proyecto de desarrollo comunitario y regional.

En efecto, se trata de una institución pensada y organizada para los excluidos, los marginados, y aquellos ciudadanos que quisieron estudiar pero que no pudieron y crecieron con el resentimiento de un desarrollo académico y profesional interrumpido. Aquellos que sin ninguna instrucción profesional aprendieron a sortear los destinos de la vida sin mayores armas que las que les proporcionó la universidad de la vida, que han reproducido sistemas de producción tradicionales que aún persisten y que hoy, por asares del destino, tienen la oportunidad y responsabilidad de producir alimentos para una población mundial creciente, en entornos agroecológicos severamente modificados. Esos adultos mayores que, a pesar de su edad y su pobreza, siguen vivos y no renuncian a que el sistema los incluya en sus expectativas de desarrollo; que son campeones en la producción de básicos en condiciones de alto riesgo y vulnerabilidad y que hoy día esperan que la ciencia los alcance y los prepare para seguir produciendo básicos en un entorno menos complicado y más sustentable. El problema alimentario nacional y mundial, aunado al de la pobreza y marginación, nos obliga a pensar en soluciones y alternativas diferentes.

Un proyecto educativo novedoso

La educación tiene que ser el elemento fundamental para sortear una suerte como ésta. Desafíos de esta magnitud obligan a repensar y rediseñar las formas de enseñanza aprendizaje; también instruyen sobre qué y cómo producir y consumir alimentos. La crisis golpea, pero a la vez enseña que se debe mejorar drásticamente la forma en la que se producen y utilizan los recursos naturales en su producción. En esta tarea, el sector agropecuario, contribuyente sustancial al cambio climático y ahora rehén y víctima de sus impactos, puede contribuir a los esfuerzos globales de mitigación. La agroecología, los sistemas de producción tradicionales, las economías campesinas, la agricultura y el conocimiento tradicional, entre muchos otros aspectos, parecen tener una respuesta que, asociada con una fuerte valoración de lo local, pudieran contribuir a gestionar un desarrollo sostenible de respuesta rápida. Garantizar la seguridad alimentaria requerirá de reactivar un

proceso de generación de conocimiento socialmente útil que, apuntalado con inversiones sustanciales y acciones de corto, mediano y largo plazo, permitan adaptar al sector agropecuario, junto con sus personas, a un entorno de producción caracterizado por el cambio climático. En esta tarea, los hombre y mujeres del campo que no tuvieron la oportunidad de concluir una carrera, pero que se quedaron allí viviendo y reproduciendo un estilo de vida que nunca encajó con las políticas de modernización y globalización, constituyen un sector de la población rural con el suficiente arraigo, convicción y amor por la tierra como para convertirlos en potenciales participantes de una estrategia de desarrollo rural sustentable gestada desde lo local, donde el combate a la pobreza y la suficiencia alimentaria sean los ejes fundamentales de su trabajo.

La Universidad del Pueblo está concebida sobre estos cimientos. Apunta a reencauzar una iniciativa de educación, capacitación e investigación desde lo local, construyendo un modelo de educación superior novedoso, económicamente factible, socialmente útil y ambientalmente sostenible