Política

Basura

marzo 17, 2019

La diputada federal García Cayetano, por Morena, recuerda que desde el Congreso federal constantemente se hacen exhortos para que las fiscalías estatales investiguen con seriedad la patología social de los feminicidios, toda vez que el no resolverlos genera impunidad, lo que es un incentivo para que sigan ocurriendo. El problema tiene desde luego varias dimensiones que reclaman una aproximación multidisciplinaria. La más importante, la fundamental, la insoslayable, es la de la procuración de justicia. La sociedad mexicana, especialmente la veracruzana, han sido durante más de un década profundamente dañada y deshonrada. Dos gobiernos abominables contiguos hundieron al estado y al país en la degradación integral, especialmente la institucional.

El gobierno del estado ve dificultada su tarea por la incapacidad integral de un abogado familiar imberbe, psicológicamente condicionado y atado a su alter ego, quien lo ungió como fiscal general. Ni a Ionesco en alguna puesta en escena del absurdo se le hubiese ocurrido luego de su paso por México en los 80. Para eso se requiere de una severa debilidad de las instituciones, cosa que el régimen anterior se encargó de garantizar. Además de las de ganas de joder, claro, por a una también severa incapacidad profesional.

A la matanza de mujeres se suma, además, toda la caterva de crímenes homicidas que el fiscal Jorge Winckler está incapacitado para resolver. Su función y utilidad no es ésa. Es la de estorbar al nuevo régimen que malogró las fantasías virreinales del ex gobernador de la alternancia simulada y del rencor.

La dependencia integral del imberbe abogado con su ideal de ego es tan clara que sus obligaciones de informar a la sociedad durante el gobierno anterior las obvió consistentemente para no dañar la imagen y aspiraciones sucesoras del patrón, cosa que ahora hace con relativa constancia.

Luego del fiasco de su desafuero que demostró la calidad mezquina de parte sustantiva de la llamada clase política veracruzana, ha quedado claro que el pueblo veracruzano debe darse a sí mismo una nueva clase política, los remanentes enquistados del pasado no actuan en interés de los gobernados del estado sino del propio y el de sus partidos.