Política

El previsible accidentado camino hacia la pacificación

marzo 16, 2019

El cruento proceso de violentización en el que Felipe Calderón lanzó al país hace 12 años, puso a los gobernados mexicanos como testigos obligados de la barbarie. Más de una década de guerra intestina en contra de las empresas criminales que dieron resultados nulos en cuanto a los objetivos buscados. A cambio de eso, el país está literalmente sembrado de osamentas. Las empresas criminales se han multiplicado por atomización y asistimos a disparatadas lógicas de identidad criminal como informales marcas "registradas". Territorios vedados al Estado como colmo del debilitamiento institucional y la indefensión ciudadana como constante. Basta con otear hacia el sur del estado.

El esfuerzo por regresar a la normalidad republicana emprendido por la ciudadanía y conducido por un nuevo régimen reclama de la pacificación como precondición de lo posible. No parece una tarea con posibilidad de ser tersa, ni remotamente. La simbiosis del crimen con el régimen anterior es completa. No se da una sin la otra. Los últimos 37 años, si contamos desde Miguel de la Madrid, han sido la sangrienta constatación de que no hay crimen organizado posible sin la complicidad y participación de las autoridades gubernamentales. Desde la más modesta autoridad municipal hasta la Presidencia de la República. Si el crimen organizado creció, se fortaleció y luego se fraccionó en número de grupúsculos violentos fue por la estulta acción y reacción de los gobiernos nacionales a partir de Vicente Fox Quezada. Su sucesor, Felipe Calderón, degradó la acción del Estado a nivel cuaternario, o punto menos. Sin inteligencia, con torpeza y con un móvil más de legitimación que de verdadero interés de Estado.

Los últimos hechos de violencia en el estado son la reacción del crimen frente a las acciones de gobierno que no parecen ser reactivas sino lo contrario. Sería deseable que la pacificación del país no pasara por incidentes violentos, pero es improbable. Recuperar un ingreso familiar decente llevará algunos años, el reto de la administración federal es hacerlo en su período. Requerirá de ciencia gubernamental, serenidad y participación ciudadana. Nos va el futuro en ello.