Política

Crimen organizado, otro flagelo para los menores trabajadores de la calle

marzo 11, 2019

Los niños y adolescentes trabajadores de la calles, además de exponerse a riesgos cotidianos como las condiciones ambientales y contaminación, ahora y siempre han sido víctimas de la pobreza extrema, de la discriminación social y las agresiones físicas que van desde los abusos sexuales, golpes por ciudadanos comunes, por parte de las autoridades y ahora de la delincuencia que también los alcanzó.

Por los actos de violencia que han sufrido, los niños y adolescentes trabajadores de la calle han modificado sus horarios. Andan en grupos y comienzan a migrar a otras actividades de menos riesgo que estar parados en un crucero de avenidas, donde ofrecen sus servicios de limpiaparabrisas a cambio de unas cuantas monedas.

A finales de 2018, el Movimiento de Apoyo a Niños Trabajadores y de la Calle (Matraca, A.C.), el Sistema de Protección Integral de los Derechos de las Niñas, Niños y Adolescentes (Sipinna) municipal y la Facultad de Sociología de la Universidad Veracruzana (UV) realizaron un estudio en Xalapa sobre las poblaciones en calle, específicamente en 15 cruceros de avenidas.

El diagnóstico detectó a 318 menores de 17 años que trabajaban en las calles acompañados por adultos, además de 117 que asisten solos, por lo que Matraca pidió al gobierno municipal la implementación de programas y políticas públicas que los ayude a tener mejores condiciones de vida.

Un estudio acerca del trabajo infantil como fenómeno social, determina que cada niño, niña o adolescente que vive o desempeña una labor en las calles, tiene una historia y su vida actual es el resultado de "la acumulación de desigualdades y de marginación, porque son muchas las desigualdades las que padecen, en las que si los estudiamos, sus padres, sus abuelos, también fueron niños y niñas trabajadores de la calle", afirmó el académico de la Facultad de Sociología de la Universidad Veracruzana (UV) e integrante de la Red por los Derechos de Niñas, Niños y Adolescentes en Veracruz (Rednnaver) Arturo Narváez Aguilera.

Los casos de violencia más recientes en la capital del estado ocurrieron el 1º de febrero contra una niña de nueve años, que sufrió abuso sexual cuando vendía flores afuera de una tienda de conveniencia y fue llevada con engaños por un adulto al parque El Huarache, en el fraccionamiento Ánimas.

El segundo caso, se registró el 4 de marzo, en la avenida Américas, cuando dos desconocidos a bordo de una motocicleta dispararon contra un joven dedicado a hacer actos de malabarismo junto con un menor de edad.

Las balas alcanzaron el cuerpo del joven trabajador de la calle, que cayó herido sobre el pavimento y ante las miradas atónitas de los automovilistas, transeúntes y comerciantes de la transitada avenida.

Al menor de edad no le dispararon, los delincuentes huyeron, y el joven trata de salvar la vida en algún hospital de la ciudad, sin que las autoridades del gobierno de Veracruz ofrezcan información al respecto.

Para Narváez Aguilera, estas poblaciones han sido víctimas de la discriminación social que empieza con la forma de "normalizar" su presencia en las calles, por su aspecto racial, su forma de vestir y hasta han perdido el interés por saber de ellos.

Agrega que es la sociedad quienes los han juzgado como "posibles delincuentes o gente que no tiene manera de aportar" porque estas poblaciones de la calle en su mayoría visten con ropa sucia o rota.

"Esa es una de las condiciones más fuertes que vive este sector, que a veces ya ni siquiera se les mira, la gente que va caminando ni siquiera los observan, los automovilistas les cierran las ventanas".

En el fondo, expone el sociólogo, los ciudadanos han "deshumanizado las poblaciones en calles" y han perdido de vista que los niños y adolescentes están en la vía pública "no porque quieran", sino por las condiciones de pobreza que los rodea.

Al estudiar el fenómeno de las poblaciones en calle, se determinó que hay muchos factores los que contribuyen, aún más en un estado como Veracruz, donde 67 por ciento de este sector vive en pobreza.

"El trabajo de calle se vuelve una alternativa, no solo es sobrevivencia para ellos, sino para las condiciones de su familia. Si lo vemos asociado a las formas de migración del campo a la sociedad, hay muchas familias que vienen a la ciudad y no encuentran oportunidades de empleo, ni de educación y lo que vemos es el trabajo infantil".

Trabajar o jugar y desear un chocolate en las calles

Una niña camina por el céntrico parque Benito Juárez, lleva con ella varios ramos de rosas, que ofrece a 20 pesos cada uno. Mira hacia los lados, aprovecha el espacio que le representan las jardineras para jugar y se olvida por unos minutos de la responsabilidad de llevar dinero a casa.

Se trata de María, tiene 10 años, pero por su condición física aparenta menos edad, y junto a ella camina otra menor que es su hermana. Caminan del parque Juárez hacia el Paseo de Los Lagos, localizado a tres cuadras del centro, para también ahí tratar de vender las rosas.

A veces juegan, se corretean y otras menos se dedican a ofrecer las rosas, ya casi marchitas, por tanto traerlas en las manos, ponerlas sobre lugares con temperaturas altas por el sol y de andarlas paseando.

Por otro lado, en la calle Allende, a la altura del llamado corredor cultural "Carlos Fuentes", un hombre con una edad aproximada a los 40 años, camina con prisa y adelante de él va una niña, peinada de coleta y lleva una bolsa color azul colgada a su cuello y hombros.

La niña, de entre ocho y nueve años, va vestida de pantalones color verde, blusa color rosado y lleva puestos unos zapatos negros desgastados por el uso.

Con voz alta, el hombre le reclama a la niña: "¿Por qué pediste chocolates? Yo no te dije que pidieras chocolates. Eso no nos sirve. Te dije que pidieras dinero".

A estos regaños la niña responde: "Porque yo quería chocolates, tengo ganas de chocolates". El adulto camina más rápido para alcanzarla, le da un golpe en la cabeza y sigue reprendiéndola. La menor exclama: "¡Ay, papá. No me pegues, pediré dinero, pero yo quiero chocolates!"

Los dos avanzan por la calle Allende y se pierden entre tanta gente que camina por ahí, pero la discusión por pedir chocolates en vez de dinero continua y se escucha fuerte en medio del ruido de los carros.

Niños de la calle víctimas de retiros con uso de la Fuerza Pública y de la delincuencia: Matraca

Fue en los últimos meses de 2017 y parte de 2018 cuando las poblaciones padecieron las prácticas del retiro forzado de las calles realizado por inspectores municipales enviados por las autoridades del gobierno estatal, informó la directora de Matraca, Josefina Castrejón Holguín.

"Les pedían que se retiraran de las calles o que se inscribieran al padrón como comerciantes, porque realizaban una actividad comercial. Nos reunimos con los chavos, acudieron con las instancias de Comercio porque los estaban retirando con la fuerza pública. Intervenimos porque son seres humanos y había violencia en ese retiro, siempre la ha habido".

En el caso del joven malabarista agredido con arma de fuego el 4 de marzo, la directora especificó que no asistía a Matraca, pero estaba identificado como parte de la población indígena migrante que llega a la ciudad en busca de oportunidades laborales y que al no encontrar se ve obligado a estar en las calles.

"Repudiamos estos actos criminales no sólo en contra de chavos de calle, sino en contra de toda la población y exigimos al gobierno municipal y estatal, que garantice la seguridad de todos los ciudadanos y de estos chavos que están en indefensión, sin condiciones de seguridad en las calles".

Lamentó que los hechos de violencia presentados en el país, en Veracruz y en Xalapa, cada vez se viven más de manera cotidiana y han afectado a todos los sectores ciudadanos.

"Los chavos han cambiado los lugares de trabajo en los últimos cinco años, por eso vemos menos población trabajadora en los cruceros del centro, de la USBI, y de otros lugares, justo por las agresiones, por la violencia y se han retirado a otros espacios, han cambiado sus horarios".

Sin embargo, puntualizó que llama la atención que la violencia se genera a todas horas y que aun cuando las poblaciones de calle han dejado de salir a trabajar en las noches, la agresión al joven malabarista pone de manifiesto que "no hay horario para realizar los actos de violencia, porque así lo hemos visto en los últimos años, de día o de tarde es riesgoso estar en las calles".

Finalmente, pidió a la sociedad mirar a los niños y adolescentes trabajadores de otra manera y dejar a un lado la discriminación que ejercen cuando por su forma de vestir con calificados como delincuentes.

"Ellos realizan un trabajo justo para mejorar las condiciones de vida, de ellos y de sus familias. Les pedimos una mirada de respeto hacia ellos y hacia sus familias", indicó la directora de Matraca, organismo que apoya a 135 jóvenes que pertenecen a 45 familias con domicilios en las colonias Veracruz, Revolución, Plan de Ayala, Colosio y Reserva Territorial.

"La mayoría provienen de esas colonias y vienen a trabajar a las calles del centro, a algunos mercados ambulantes de la ciudad, y algunos centros de trabajo establecidos".