Política

Piel sensible

febrero 18, 2019

La Iglesia Católica veracruzana ha decidido reaccionar decididamente ante el dicho del actual secretario de Gobierno veracruzano, por lo que éste señaló en un foro académico cuando no era aún funcionario público. Declaraciones en las que sostuvo que, así como hacen la mayoría de las instituciones, la Iglesia se apropia de ciertos valores. Aludió luego a los métodos de los que ha abusado el clero desde hace siglos; desde que la Iglesia se declara la intermediaria entre Dios y el pecador para reconciliar a éste con Dios.

El cristianismo primitivo sólo exigía el bautismo para reconciliar al hombre con Dios y pasar a formar parte de la comunidad cristiana. San Cipriano introduce el concepto de una segunda tabla de salvación para quien, tras el bautismo, hubiese pecado: la confesión y la penitencia ministrada por el intermediario con Dios que reclama la Iglesia desde que el emperador Constantino la impone como la religión oficial del imperio romano, 50 años antes.

Los dichos del ahora funcionario de gobierno provocaron una inusitada reacción de indignación del clero, que lo acusa entre otras cosas de ignorante por sugerir un eventual uso interesado de la información obtenida en la confesión. No es el primero que lo alude, hay infinidad de estudios históricos y especializados para los que es una vedad axiomática por el simple hecho que la Iglesia Católica es un actor político con un abanico de intereses diversos tan amplio, que incluso pueden ser excluyentes entre sí.

Es notorio el cambio de actitud del clero que durante ocho años hizo mutis ante las atrocidades de todo tipo habidas en el estado. Desde las macabras provocadas por la catastrófica guerra contra el crimen, hasta los miles de casos de estupro y abusos sexuales habidos en el estado y el país. Crímenes y encubrimientos que son públicos, que han sido probados y documentados. Solamente en los últimos nueve años, la propia Iglesia afirma que por lo menos 152 sacerdotes fueron suspendidos específicamente por pederastia, en México. Es precisamente ésta la razón por la que el papa Francisco recibirá en unos días a los obispos mexicanos.

Respecto a tales sacerdotes delincuentes, la Conferencia del Episcopado Mexicano ha dicho que algunos están en la cárcel, otros ya purgaron su pena y otros fueron suspendidos de su ministerio. Dicen. Sería más confiable si hablara del número de crímenes que cometió cada sacerdote, qué casos específicos y de la respuesta verificable de los ofendidos. La respuesta de la institución católica en los escándalos ya difundidos es notoriamente deficitaria, por decir lo menos.

La protección y encubrimientos de los crímenes de los sacerdotes católicos son compulsivos. Es una instrucción aprobada en 1962, titulada Crimen Sollicitationis. El encubrimiento es institucional y está reglamentado.

Especular sobre los eventuales motivos del clero veracruzano para picar un diferendo de esa naturaleza e inflarlo a la virulencia es ocioso. Pero es clarísimo que los motivos de indignación del clero son bastante menos cosa que los motivos que tiene la sociedad para estar alerta del clero.