Política

El Papa: la Fraternidad que subyace e inspira

febrero 11, 2019

El mensaje del Papa esta semana a los países árabes es uno de los acontecimientos más trascendentales de nuestros tiempos. Como de costumbre su importancia quedó anegada en los reportajes más taquilleros dedicados a las denuncias contra los pecados del clero católico.

Ese obsequio al morbo no quitó la oportunidad y valentía con que Francisco I se dirigió frontalmente a un auditorio nada menos que de príncipes y funcionarios árabes reunidos en la Conferencia Interreligiosa convocada por el Principe Heredero de Abu Dhabi, Mohammed bin Zayed Al Nahyan bajo una majestuosa arquitectura.

Fue precisamente en la Arabia histórica donde hace dos mil años, mucho antes de la aparición del Islam, vivieron en sus desiertos los primeros ermitaños y comunidades cristianas. Hoy un Romano Pontífice pisaba por primera vez esas antiguas tierras. Lo hizo con la intención clara y definida de compartir, en estos tiempos de incomprensión, intransigencias, guerras, terrorismos y tragedias sin límites, la doctrina cristiana del respeto a la suprema dignidad del ser humano.

El mensaje del Papa dicho en la península donde reside la monarquía Saudí que en estos momentos somete al pueblo de Yemen al más terrible sufrimiento, repasó los principios de fraternidad que deriva del Dios de los musulmanes, cristianos y judíos y que une a todo el género humano. La enseñanza es contundente: no se puede matar por razones de fe o de religión. El auditorio que incluía al Gran Iman Ashmed el-Tayab, escuchó en profundo silencio el discurso papal que incluyó conceptos como las siguientes:

"…Dios está en el origen de la familia humana y quiere que vivamos como hermanos y hermanas, habitando en la casa común de la creación que él nos ha dado. En nuestra humanidad común está el reconocer los mismos derechos a todo ser humano …y condenar sin vacilación toda forma de violencia, porque usar el nombre de Dios para justificar el odio y la violencia contra el hermano es una grave profanación. No hay violencia que encuentre justificación en la religión"

El Papa habló también de la tarea urgente de las religiones de construir puentes entre los pueblos y las culturas a fin de "madurar la capacidad de reconciliación con visión de esperanza para alcanzar itinerarios concretos de paz".

Francisco I fue muy crítico que las leyes del mercado actual incuban la codicia haciendo inerte los corazones y que las religiones sean la voz de los desposeídos, que no son meras estadísticas y nunca resignarse ante los innumerables dramas en el mundo…y contribuir activamente a la desmilitarizar el corazón del hombre.

Aludió a la carrera armamentista, a la extensión de sus zonas de influencia, las políticas agresivas ya que la guerra no crea más que miseria, las armas solo muerte. Se refirió particularmente a Yemen, Siria, Irak y Libia…"Juntos, comprometámonos contra la lógica del poder armado, contra la mercantilización de las relaciones, los armamentos de las fronteras, el levantamiento de muros, el amordazamiento de los pobres…a todo esto nos oponemos con el dulce poder de la oración y con el empeño diario del diálogo".

El pontífice señaló que la educación y la justicia son las alas que sostienen a la paz y que invertir en cultura disminuye el odio y aumenta la civilización y la prosperidad.

Con una obvia referencia a la Sharia Francisco señaló que "Una justicia dirigida solo a miembros de la propia familia, compatriotas, creyentes de la misma fe es una justicia que cojea es una injusticia disfrazada. Hay que aprender a defender los derechos de los demás con el mismo vigor con el que se defienden los propios".

La llaneza con que el Papa condena los actos contra la dignidad humana que se cometen en el Medio Oriente vale igual para los gobiernos que en América Latina oprimen las libertades y los derechos de sus ciudadanos. Las obstinadas dictaduras en Venezuela y Nicaragua son casos próximos a nosotros. Los valientes luchadores que demandan una vida digna para sus pueblos tienen al menos posibilidades de arriesgarse manifestando en las calles contra Maduro y Ortega.

La reconciliación es la única vía para evitar que los ya incesantes choques escalen hasta la nefasta e inútil violencia que ha devastado al medio oriente.

En Yemen, Siria, Iraq y en tantos países de otras regiones del mundo, miles de infelices víctimas emergen de las ruinas de sus ciudades devastadas, lo han perdido todo.

Por eso el discurso del Papa en Abu Dhabi tuvo resonancia.