Política

HUACHICOL Y PROGRAMAS SOCIALES

enero 29, 2019

El nuevo gobierno se encontró con todos los temas que anteriores administraciones dejaron sin atender y abiertos. El asunto del "huachicol" resultó, por el momento, el más tremendo de ellos.

Lo dramático que ha llegado ser el negocio de drenar ductos petroleros muestra como una actividad ilegal, al principio a pequeña escala, por no corregirse a tiempo, ha crecido a dimensiones inmanejables. Se incrementa a diario el número de muertos que el inconsciente negocio ha cobrado. Es increíble que todavía se dude de que, a falta de una policía profesional, se requiera de la inmediata acción militar para poner orden en la distribución nacional de combustibles. El sentido común más elemental llama a las fuerzas armadas a garantizar la seguridad del Estado y de la vida diaria ciudadana. Los ataques no tienen que venir del exterior para que el ejército entre al quite todo el tiempo que sea necesario.

Simultáneamente que se controlan los desperfectos en más de los 1,600 kilómetros de ductos, es ya un clamor nacional castigar a los que montaron, tanto desde dentro como desde fuera de PEMEX, el negocio que en mucho se ha arraigado en grandes organizaciones y actividades políticas. Las mayores ganancias no eran, ciertamente, para los empobrecidos habitantes de los poblados al lado de las redes petroleras.

Al igual que lo que pasa con otras actividades ilícitas, se dice que la pobreza es a la vez explicación y justificación. El argumento es engañoso. Implica que todos los pobres son siempre buenos y todos los ricos siempre malos. Pero la desobediencia tiene otras razones: la desobediencia de los cientos de hombres, mujeres y niños, que no hicieron caso a las advertencias de los 25 militares que les imploraban e inclusive les gritaban no acercarse a la fatídica toma. Sin embargo el pueblo no hizo caso, vivía un momento de euforia, para ellos era una fiesta. Quizás era reacción natural. El que el mexicano no sienta el deber de respetar a la autoridad es indicio de que ésta no ha merecido tal respeto.

El drama de Tlahuelilpan nos muestra una vez más la importancia de superar las condiciones de atraso cívico en que la mayoría de la población se encuentra. El que se hubiera podido evitar la tragedia de haber habido una consciencia colectiva del peligro, subraya la urgencia de que el Estado instile en los niños y en los jóvenes los elementos de un entendimiento común de valores cívicos y de respeto a toda autoridad pertinente.

El desarrollo económico y social que sitúe a México a los niveles de conocimientos y productividad que aumentan en todo el mundo, depende del sentido de cohesión interna que resulta de lo anterior. Este ingrediente es indispensable para sumar esfuerzos y la superación personal de cada uno. Este propósito no puede alcanzarse sin el ejemplo de un gobierno que se dé a respetar ante toda la colectividad.

Hasta ahora, la presidencia de la república ha mostrado un profundo conocimiento de la mentalidad del pueblo. Los programas que ha preparado para aliviar las condiciones de pobreza y simultáneamente atender la formación de ciudadanos realizados incluyen los que consisten en apoyar con becas a los jóvenes que se inscriban para ocuparse en alguna actividad productiva y donde incluso encuentren su empleo definitivo en las empresas participantes.

Los apoyos que el gobierno ha anunciado para las personas que no se encuentran incorporadas a actividades socioeconómicas, incluso los "ninis", mediante pagos mensuales se justifican por su propósito de elevar al individuo de ser carga para la sociedad a un nivel productivo. Sabemos que el tema aún es objeto de análisis y discusión en muchos lugares del mundo y que no ha sido lo suficientemente ensayado en la práctica. Hay dudas, por ejemplo, de su justificación financiera. El hecho, empero, de dotar de una cantidad de dinero a una persona que carece por completo de medios para contribuir a la comunidad a que pertenece, ni siquiera como modesto consumidor, equivale a un paso hacia nuevas demandas y creación de empleos.

Los programas diseñados por el gobierno de López Obrador se caracterizan por tener sensibilidad política. Las coyunturas internacionales no son sencillas y precisamente por ello México tiene que desarrollar sus potenciales con inusitada urgencia.

López Obrador tiene la inmensa responsabilidad de hacer que todos y cada uno de los mexicanos respete su gobierno.

juliofelipefaesler@yahoo.com

28 de enero de 2019