Política

Comenzar con el pie izquierdo

enero 17, 2019

La recepción que el destino le ha deparado al sexenio del Presidente López Obrador ha sido ingrata. Una serie de eventos ha tendido trampas al paso del nuevo gobierno, muchas de ellas de fabricación propia. Entre ellas se cuenta la peligrosa secuela financiera, que apenas empieza, de la audaz decisión presidencial de cancelar el gran aeropuerto de la Ciudad de México bien avanzado en su construcción, las inesperadas caravanas de migrantes centroamericanos que permanecen en nuestro país buscando empleo, la confusión sobre el carácter de la futura Guardia Nacional y la función militar en el combate al crimen organizado, la necesaria reducción de sueldos de servidores públicos y, como remate a esta hilera de problemas, el inesperado escándalo huachicolero que envuelve a todo el país en una nube de explicaciones, críticas y acusaciones.

López Obrador, como Felipe Calderón, ambos tozudos y directos en sus visiones del país, atacaron al enemigo frontalmente. Felipe Calderón de manera frontal, López Obrador optó por frustrar el componente financiero del negocio de las mafias. Pero cerrar ductos, como ahora se ha hecho, originó la escasez de combustibles que sufren todas las capas de la población junto con centros económicos y productivos. Pemex no importó combustible en todo el mes de diciembre y ahora un buen número de buques-tanque, surtos en puerto, esperan descargar gasolinas que no caben en los espacios todavía disponibles en redes repletas.

El repentino y gigantesco desabasto de gasolina pone a prueba el ingenio y capacidad del gobierno del Presidente de la República, para instrumentar su decisión de acabar de un tajo con el robo de combustibles arraigado en muchos años de lucrativas colusiones. El cierre de los mil 600 kilómetros de ductos de Pemex sin más estrategia que pasar la distribución a una hechiza red de camiones produjo el trastorno que se sufre, además del torbellino de rumores tan destructivos como los hechos mismos.

Respecto a la sistemática ordeña de combustibles hecha a ciencia y consciencia de autoridades de todo nivel, todos los comentarios se entran en cuestionar la sabiduría de responder con cerrar los ductos de la extensa red de distribución de Pemex para evitar que siguiera el huachicoleo. A las funestas consecuencias se añade la cruel ironía de comparar la estrategia con la de cerrar cantinas para que no haya borrachos. Otros parecidos jocosos no se han hecho esperar.

El ridículo en que queda el gobierno es mayúsculo. Las más recientes explicaciones del presidente de la República lo hacen más serio: el presidente revela que un sabotaje entre Tuxpan y Atzcapotzalco, aumentó la inmensa pérdida de petróleo y de gasolinas, la mayor parte de las cuales sabemos son de importación. Nada nuevo hay en depender más que nunca de las fuerzas armadas para vigilar metro por metro la inmensa red de más de mil 600 kilómetros de tubería de distribución que no puede ser sustituída por transportes carreteros. La dependencia que tenemos de las fuerzas armadas, pese a todo, se confirma.

La torpeza de la situación afecta gravemente el prestigio y confianza que merece el recién estrenado aparato gubernamental y muy directamente a las secretarias de energía, gobernación y de seguridad, además, naturalmente a Pemex. La confianza debilitada de los gobernadores de los estados más afectados los lleva a tomar sus propias medidas para proteger consumidores y sectores productores. Entre tanto, los culpables, dentro y fuera de Pemex, siguen libres.

Da pena. Es válida la intención del presidente quien pide la ayuda de la población que todavía cree en él para salir de un callejón en el que él solito se metió. La curva de aprendizaje está resultando sido más empinada que cualquiera cuesta de enero. Tan obligado como sincero es el deseo nacional porque la presidencia de López Obrador sea exitosa. Es indispensable... urge. Pero el gobierno de izquierda inició su gestión con el pie izquierdo.

Juliofelipefaesler@yahoo.com