Política

ECP* Cimbrados

enero 16, 2019

Los 45 días de la presente administración han sido especialmente agitados. El compromiso de atajar completamente la corrupción ha sido decididamente puesto en marcha y esto ha provocado reacciones en el pacto de complicidades que desde hace años suplanta al Estado.

Al gobierno federal se le reclama falta de planeación y se le culpabiliza por el desabasto. Este, el gobierno, ha explicado que no falta de combustible toda vez que la producción es suficiente y la distribución se hace de forma emergente con pipas dado que los ductos son, como ha quedado demostrado, vulnerables a las reacciones de botepronto de los llamados huachicoleros, insertos en la estructura operativa de Pemex.

El gobierno ha explicado que no hay desabasto real, los esfuerzos han sido precisamente en el sentido de seguir distribuyendo lo que el mercado demandaba, la escasez no obedece a insuficiencias de Pemex sino a lo que los distribuidores han dejado de comprar o recibir de la mafia ordeñadora que, por cierto, es amplia. Va desde el obrero calificado que perfora el ducto y que sabe cuándo es posible hacerlo, los funcionarios que abren, cierran o desvían el flujo de los ductos, hasta llegar a la cúspide de ex funcionarios de gobiernos federales asociados con petroleras y que han formado sus propias empresas distribuidoras de energéticos. Y, atrás de todo eso, la tóxica presencia y acciones de empresas corruptoras como Odebrecht u OHL.

El huachicol no es un fenómeno lumpen, es un fenómeno que permea desde altos mandos institucionales.

Ha habido críticas al gobierno por el desabasto artificial y por lo que califican como falta de planeación. Es posible que algo de eso haya, pero es menor. Eso sí, han sido días en donde se ha revelado un aspecto harto decepcionante en algunos sectores de la sociedad nacional. El saqueo de camiones accidentados en las carreteras, desde productos alimenticios, bienes de uso, y hasta ganado. Las escenas son decepcionantes, cientos de personas aprovechando el derrame de combustibles provocado por los perforadores o robando vaquillas del tracto camión accidentado que las transportaba.

Pero cerrar los ductos era necesario para poder valorar las condiciones del ducto e inspeccionar las condiciones en las que están. Los ordeñadores son capaces de hacer una toma clandestina minutos después de que tienen la información de que se ha abierto el ducto y del producto que lleva.

El único modo de detectar todas las violaciones que se han hecho al ducto es cerrarlo. En consecuencia, la distribución tiene que hacerse por pipas, que es más lenta, vulnerable e ineficiente. El tamaño de los daños es mayúsculo, toda una economía paralela a la formal en la que los perjudicados son todos excepto los perpetradores.

No es falta de planeación, eso queda claro con el simple hecho de que se han mandado las pipas necesarias de acuerdo a la demanda consignada por el historial de compras de las gasolineras individuales. El problema está en que la demanda real no es la misma que la reportada, y si la gasolinera ya no puede abastecerse de combustible robado es por eso que no puede satisfacer la demanda. Tal es la razón del desabasto. Y, como se ve, el volumen de combustibles robados que vendían muchas gasolineras es tan grande que al interrumpirse su abasto pareciera escasez.

Tal es la realidad. Tal es el tamaño del desmantelamiento del Estado. Tal es la consecuencia, una de ellas, del modelo neoliberal impuesto durante casi 40 años.

El robo de combustibles es consecuencia directa tanto del modelo económico como de remplazo del Estado y del sistema político por el pacto de impunidad, del que apenas empezamos a darnos cuenta de lo que puede ser su verdadera dimensión.

Esto se normalizará, en breve. Una vez que se sepa con precisión el tamaño de la demanda real. Porque ni eso sabemos. Lo que ilustra el tamaño de la crisis institucional del neoliberalismo a la mexicana. Claramente más destructivo que en el resto del mundo.

La crisis, sin embargo, ha traído algo bastante bueno para indicarnos dónde estamos parados: se detectó más de un centenar de gasolineras que vendían combustible robado. Se les quitó la licencia. Varias cuentas de ex funcionarios están congeladas, pero falta por ver las alturas hasta donde llega la corrupción. Muchos presumen que toca por lo menos a varios ex presidentes. Priístas y panistas. Y de ahí para abajo.

Falta por ver, también, lo que hará el poder judicial de motu proprio. Se espera y se desea que no sea ni poco ni auto contenido.

Las molestias son ciertas e inevitables. No se puede hacer una tortilla a la española sin romper varios huevos. Menor decisión del gobierno lo hubiera, necesariamente, hecho cómplice.

*Es Cosa Pública