Política

Patologías, saldos neoliberales

diciembre 29, 2018

En los últimos 10 días se detectaron varias tomas clandestinas en uno de los ductos de Pemex. Si bien Puebla, hasta ahora ha sido el principal estado en el robo de refinados, no es difícil que Veracruz presente en poco tiempo reportes de volúmenes de robo similares. En el sexenio de Enrique peña Nieto el robo de combustibles se cuadruplicó. Es un asunto muy grave porque la mayor parte del combustible robado no se hace por ordeña de ductos, sino en pipas desde las plantas de la empresa. Lo que sugiere el abrumador tamaño de la corrupción que necesariamente implica a sindicalizados y a funcionarios.

La explosión de corrupción depredadora en Pemex corresponde con precisión a los años de desmantelamiento de la fabrica nacional, impuesto desde los años ochenta. Entre el robo de refinados y la aún no suficientemente esclarecida presencia de Odebrecht faltan varias cosas por ver.

Tal corrupción es posible por la malhadada combinación de tres cosas: la venalidad de la burocracia en todos sus niveles, políticas públicas específicamente diseñadas para debilitar a la empresa y una sociedad permisiva indiferente por mucho tiempo a las consecuencias de la corrupción.

Por otro lado el país y el estado desde hace años viven la pesadillas cruentas de la misoginia y la homofobia. La estructura del estado ha sido tolerante –si no es que cómplice- con ambas distorsiones. Eso por si sólo debiera ser suficiente para revisar con seriedad y sinceridad las actitudes sociales que hacen posible que la corrupción crezca y penetre en toda actividad social.

Tanto la corrupción desenfrenada como las fobias misóginas y homofóbicas son posibles sólo en sociedades incapaces de procesar las diferencias.

Es preciso siempre aclarar y deslindar las actitudes gubernamentales que hacen de la corrupción una constante en la vida del país, pero eso sirve de poco si la sociedad se niega a entender y modificar seriamente sus asuntos con la intolerancia.