Política

De agandalles

diciembre 24, 2018

Desde hace unos días, algunas notables organizaciones empresariales cupulares emprendieron una campaña en contra de la reforma al artículo 25 de la Ley de Ingresos que obliga a los contribuyentes a pagar sus impuestos y a esperar que les sea reintegrado el dinero correspondiente de forma diferida. Esto es, sin el arreglo económico de que si una persona física o moral tenía un adeudo fiscal con el gobierno, éste pudiera ser pagado descontando la cantidad que, eventualmente, el gobierno cobró de más por retención de impuestos o pago de IVA. Ha sido una notablemente intensa campaña tanto en los medios habituales como en redes sociales. #LeyGandalla, la han bautizado. Esto, porque elimina lo que, dicen, es una forma que alentaba el cumplimiento fiscal vía el balance resultante entre lo que se adeuda y lo que ha sido pagado de más por retenciones.

Las organizaciones empresariales sostienen que con la notificación las empresas tendrán un problema de liquidez porque tendrán que esperar hasta que el gobierno tenga a bien reintegrar los adeudos.

Es dudoso, no parece haber razón basada en la experiencia para el prejuicio de suponer que el gobierno necesariamente tratará de "agandallarles" lo que les debe. Esto, por la sencilla razón de que en 24 días no ha tenido el tiempo para hacerlo. Luego, es un escenario posible pero improbable si nos atenemos al perfil del actual gobierno.

Habría que preguntar entonces cuáles son las consideraciones duras, además de la mera justificación que ofrece el prejuicio, por las cuales organizaciones empresariales como el CCE o la Coparmex organizan tal campaña.

La sociedad debe ser obligadamente vigilante del gobierno y participativa. Pero sucede que el reclamo y diferendo empresarial está construido sobre argumentos que dan por hecho algo que es posible, sí, porque no ha sido porque la rotunda razón que no ha habido el tiempo para hacerlo. Por más eficientes que fueran en el gobierno federal en las toscas costumbres del agandalle. Entonces, si lo que se dice temer no ha sucedido, ¿por qué suponer que necesariamente habrá de pasar?

Esto, en el mejor de los casos, es un prejuicio y los prejuicios no sirven para endentar, al contrario.