Pensar desde hoy ¿Para quién es insoportable la levedad del ser?
octubre 25, 2018 | Andros Ulises Saldaña Rodríguez

Podríamos decir que La insoportable levedad del ser de Milán Kundera es una novela obligada para cualquier lector que presuma de serlo. Publicada en 1984, Kundera nos lleva a recorrer con Tomás, Teresa y Sabina un entramado donde la cotidianidad se está balanceando perpetuamente entre la levedad de una rutina armada, planeada y perpetuamente igual, y el peso de la contingencia, que por un lado, rompe la uniformidad y constancia de todo lo que entendemos como nuestro día a día, pero por otro es precisamente lo que le da peso, lo que le da importancia a lo que hemos vivido.

Efectivamente, nos vemos sumergidos en una cotidianidad que si bien es diferente para cada uno de nosotros, resulta ser la constante que requerimos para funcionar y cumplir con lo que tenemos que hacer. Por otro lado, son contados los sucesos que rompen esa cotidianidad, ya sea una boda, un viaje, una fiesta, un paseo en el parque que nos llevó a conocer a alguien, un conflicto político (como es el caso de la novela), una mascota que se adopta sin ver más allá de su mirada, un divorcio, un accidente, en fin, todos aquellos sucesos que rasgan lo cotidiano y que no se pueden deshacer.

Ese constante estira y afloja entre lo cotidiano y lo contingente es lo que mueve y hace interesante la trama de Kundera. Nos lleva a pensar junto con él, junto con sus personajes, cómo hacemos aceptable nuestra propia cotidianidad. ¿En qué grado nuestra vida es lo suficientemente cotidiana para ser funcional, y en qué otro tenemos suficientes sucesos únicos e irrepetibles para sentir que personalmente, hemos hecho una o dos cosas satisfactoriamente bien?

Eso irrepetible, eso que no es tan cotidiano como el café matutino o el camino al trabajo es lo que nos libra de esa levedad. Sin embargo, demasiado peso también puede ser sofocante. Nos movemos entre el peso y la levedad. Ni nos permitimos ser tan ligeros que nunca toquen nuestros pies el suelo, ni tampoco tan pesados que nuestra propia existencia nos aplaste contra la gravedad de las situaciones. Sin embargo, así como nos conducimos como sociedad actualmente, ¿para quién es realmente insoportable la levedad del ser? ¿Quién se cuestiona sobre estas cosas al final del día? ¿A quién le preocupa ser demasiado ligero? ¿A quién demasiado pesado?

Damos mucho valor al sufrimiento, al dolor y al esfuerzo. Todo aquello que vale es lo que cuesta, y si algo ha tenido que doler durante años vale más. Nuestros padres y abuelos hacen énfasis en lo mucho que trabajaron y el sudor que les ha costado tener lo que tienen, todo aquello que sacrificaron, todo lo que sufrieron por la levedad, por ser constantes en una cotidianidad, por negarse experiencias, por no atreverse con tal de lograr eso que ahora llaman éxito. Por otro lado, están nuevas tendencias que nos dicen que lo que vale es simplemente entregarse a lo contingente, al azar, pues "sólo se vive una vez" y lo que importa es qué tanta novedad vivimos.

Habría que preguntarnos si es una generalidad el que realmente sea insoportable esta levedad del ser que retrata Kundera. Actualmente, con tanta novedad, opciones, qué hacer, en fin, con tantas distracciones que nos ofrecen contingencia dosificada, encontramos cada vez más gente gustosa de su rutina, de sus horarios, de sus fechas, de la constancia y firmeza para hacer lo que hacen día a día. La disciplina con la que viven sus vidas se vuelve un ejemplo y envidia de aquél que llega tarde a todos lados y que nunca tiene tiempo.

La reflexión que resulta de Kundera es que es necesario encontrar balance. No dejarse atrapar por el miedo a lo contingente, a lo inesperado, y con ello perderse de lo que podría ser el peso necesario para darle sentido a nuestras vidas, y por otro lado, tampoco cargarse de tanta contingencia que nos abrume la responsabilidad de no haber hecho nada con nuestra existencia. Hay gente que hace de la propia levedad del ser, de su propia cotidianidad su sentido, su felicidad. Gente que no necesita más que disfrutar su propia rutina, desde tomar el café por la mañana hasta el camino de regreso a casa por la noche. ¿Será que hacen irrepetible cada momento cotidiano o en efecto les satisface lograr que cada día sea igual? ¿Será que llenan su rutina de novedad, su cotidianidad de contingencia? ¿Es realmente insoportable la levedad del ser? ¿No será que lo insoportable de verdad, es que no queremos lidiar con la responsabilidad de conocernos, entendernos y decidir qué es lo que nos hará felices?

No es lo mismo preguntarle a Tomás, a Teresa, a Sabina o a Kundera en 1984 que preguntarles de nuevo en 2018. Por ahora, es suficiente con que nos preguntemos qué tan soportable e incluso disfrutable es nuestra propia cotidianidad, y dependiendo de la respuesta, tomemos acción hasta que lleguemos a ese punto en que cuando nos pregunten si somos felices, podamos decir que sí.

Les invitamos a retroalimentar la reflexión compartiendo sus comentarios a través de nuestras redes sociales Instituto de Filosofía UV y al correo electrónico pensardesdehoy@gmail.com

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