Política

Miedos

octubre 20, 2018

Dice el gobierno del estado que el gobierno federal, con la Secretaría de Relaciones Exteriores como factótum, ha obstaculizado su solicitud para lograr que Guatemala autorice que el ex gobernador Javier Duarte sea juzgado por el delito de desaparición forzada, que no constaba en la petición enderezada en su momento por el gobierno federal. En efecto, es muy posible que el gobierno federal obstaculice todo lo referente a Javier Duarte como lo hace con el ex gobernador de Chihuahua, César Duarte.

Pero el argumento esgrimido por el gobierno es endeble; en última instancia debió haberlo hecho desde el primer momento

–cosa que no hizo–, lo que sin duda facilitó que las gestiones del gobierno federal en la petición de extradición estuvieran sólo en los términos que realmente le interesaban al propio gobierno federal. Es peregrino pensar que, a tiempo pasado, el gobierno de Peña Nieto cambie de actitud. Por el contrario, sería mucho más prudente y sabio partir de la certeza de que no lo hará.

La crítica gubernamental es, pues, en el mejor de los casos, insulsa.

Sin embargo, logra establecer la ilusión de que el gobierno sigue en su empeño justiciero aunque bregando contra el corrompido sistema.

Es claro que el gobierno federal protege a Javier Duarte en su propio interés, lo que no es tan claro es que el gobierno del estado también lo hace, sea por omisión o por ignorancia. Sentirse hoy decepcionado por los obstáculos colocados por el gobierno de Peña Nieto supondría haber creído que el gobierno federal facilitaría que Javier Duarte fuera juzgado por cosas graves. Lo que lo exime de ninguna responsabilidad, toda vez que antes tampoco había aludido a la desaparición forzada que, durante ése fatídico sexenio, fue un tema de dominio público.

Entre la protección de ex gobernadores referencialmente corruptos, y solicitudes de amparo ante cualquier posible detención del próximo gobierno, algo absolutamente inédito, el gobierno federal y el estatal hora la pasan bastante mal.

No hay duda de que Peña Nieto está preocupado por su futuro inmediato. Por las aproximaciones argumentales del gobierno del estado habrá que entender que éste también.