Política

Justicia y derecho.

octubre 17, 2018

Todos los días, inevitablemente y sin buscarlos, a veces cultivando la indiferencia, otros intentando desviar la mirada, los acontecimientos de violencia e injusticia -esos que intuimos se relacionan con el derecho y la ley- nos acosan, acuden insoportables, insostenibles, inexplicables, increíbles, indescifrables e ilegibles, imposibles de leer desde referentes éticos y políticos que los actores/autores parecen haber extraviado o que quizá nunca tuvieron.

Quizá cruzados por ignorancia, tal vez como defensa maniaca o por una historia de civilidad ausente, una des-projimización harto cargada hacia la búsqueda de la felicidad en una religiosidad ya extraviada, una autoestima solitaria y de fingida compañía y en un fantasmal laissez faire -similar al promovido por los liberales radicales del Siglo XIX-, no estamos, no somos, no vemos la injusticia, y simuladamente, no escuchamos los gritos, los golpes, la industria de la muerte, que algunos deseamos irrepetible después del holocausto, de la Shoah, y que hoy se muestra en un remix XXI.

¿Cómo hacernos cargo de esto? ¿Cómo resguardamos el deber, la responsabilidad, el posicionamiento que desde la singularidad tendríamos que ejercer con un acto de saber y de justicia? ¿Qué hacemos con la ley y el derecho que inevitablemente nos desafían cuando la decisión injusta aparece? ¿Qué lugar darle a la violencia, a esa forma de la fuerza que se hace presente en el abuso, la sentencia sombría o la indolencia?

Aquí hay algo del orden de la confusión propia de la paradoja, de la creencia que la ley hace justicia. Es desde aquí que, aceptando una autoridad ya perdida por el derecho vigente, evadimos la necesaria reflexión sobre una urgente toma de posición que, como ciudadanos, debemos asumir ante la caída de un relato que ofrecen las instituciones encargadas de hacer cumplir la ley "que representan".

Porque al experimentar las injusticias como aporías, como paradojas que disimulan los encuentros y desencuentros de la ley y la justicia, del derecho y lo justo, se dislocan en incertidumbre las certezas arcaicas y desvencijadas que arrastramos, haciéndolas vigentes aún cuando desdicen toda realidad vivida. Porque el derecho y las leyes, al haber perdido su vigencia, exigen nuevas violencias interpretativas fundantes de justicia, violencias gestadas en una historia contemporánea que pide ajustes: "la operación que consiste en fundar, inaugurar, justificar el derecho, hacer la ley, consistiría en un golpe de fuerza, en una violencia realizativa y por tanto interpretativa, que no es justa o injusta en sí misma, y que ninguna justicia ni ningún derecho previo y anteriormente fundador, ninguna fundación preexistente, podría garantizar, contradecir o invalidar por definición." (Derrida: 1997)

‘Hay que’ intentar y lograr desvelar los acontecimientos que se presentan más allá de mirarlos como escenas o tramas que se dibujan como actuaciones de víctimas y victimarios donde los primeros sufren y los segundos disfrutan, mientras los públicos, ausentes, ajenos, lejanos, "memetizados" por lo kitsch de las redes o santificados por la ciencia y la tecnología van de largo, deteniéndose solo a otorgar un voto a la esperanza y la promesa que los libere de la responsabilidad, de la participación en la toma de decisiones compartidas.

En conjunto, ‘hay que’ desmenuzar los hábitos, costumbres, tradiciones y objetos que demuestran que -aún cuando lo neguemos- reconocemos que no sólo Dios ha muerto, también el deseo de saber fenece. Que finalmente el pensamiento está casi vencido, abandonado, suplantado por la emoción, lo inmediato, lo urgente y veloz. Que así, ya viene la muerte de la letra y sus creaciones.

‘Hay que’ demostrar que vivimos dominados, controlados por una fenomenología sin intencionalidad, nirvana aséptico de ética y política, nihilismo enmascarado que al circular en un hedonismo vulgar y destemplado decidió hacer de la opinión su criterio de verdad: todo puede ser verdadero, lo falso ya no importa tanto: "el respeto a la opinión ajena es la paz". Si, la paz, esa que se instituye como principio y fin de la existencia, la muerte chiquita, la muerte viviente. En tanto, todo pende del derecho individual, de los derechos humanos asumidos como el axioma fundamento del vinculo social. Como si de éste derivara la posibilidad de lo justo, de la justicia, incluso de la justicia como derecho, como ley.

Y a todo esto ¿dónde quedo la justicia? ¿es que como tal nunca ha existido asociada al derecho y la ley y hasta ahora tenemos la oportunidad de darnos cuenta del engaño? ¿o es el discurso contemporáneo el responsable de su descuajeringada expresión y olvido? Quizá es hora de tomarse en serio estas preguntas como ya lo hicieron Montaigne en el siglo XVI, Pascal en el XVII y Derrida recientemente. Quizá esta es la mejor manera de iniciar un proceso de formación política que desafíe cualquier intento de cooptación facciosa y, radical o pertinentemente, apuntalar efectivamente una transformación que facilite una expresión diferente de la aporía justicia/derecho.

Esta columna que hoy inicia se propone algo así, algo como reflexionar sobre acontecimientos, actos y hechos que ‘se nos presentan’ como injustos, corruptos, abusivos, autoritarios y criminales, detenernos en ellos para deconstruir, desde el campo del periodismo crítico y del derecho crítico, los entramados y andamiajes que los soportan. Y esto con un objetivo o si quieren una ilusión: facilitar formación de ciudadanía crítica e informada.

Por ello, intentaremos ir más allá de la opinión, considerando y recurriendo a referentes contemporáneos que reflexionan sobre el tema y nos aportan elementos para asumir certezas sobre aquello que la cotidianidad nos dispone. Apoyados en el derecho crítico, la teoría crítica, los clásicos y las realidades sociales cercanas, dar contexto a la comprensión de lo que se busca sostener y demostrar: "que las leyes mantienen su crédito no porque sean justas, sino porque son leyes" recuperando a Montaigne, quien ya prefiguraba esta realidad por venir, y que al igual que Mandeville, alertaba de los valores encubiertos que conforman sus márgenes de lo político y la política, de la ficción que vivimos al considerar que las leyes y quienes las ejercen tienen una real y efectiva relación con la justicia.

Se trata de intentar desvelar que la justicia como derecho y el derecho como justicia, pertenecen aún a una esfera de creencias construidas para ejercer control, tecnologías de control nacientes ya en el Siglo XVII.

Iniciemos entonces el recorrido…