Política

Simulación y engaño

octubre 12, 2018

La simulación y el engaño como estrategia es un recurso, por llamarle de alguna manera, del que suelen echar mano los políticos cuando esa forma de conducta pública forma parte de su idiosincrasia. Es visto como recurso ante un conflicto inminente o se usa con el propósito de desviar la atención ante las evidencias de que su actuación presente flancos débiles y es vulnerable ante los cada vez más exigentes procesos de fiscalización sobre el uso del dinero público.

Ahí están como inmejorables ejemplos El Bronco, Ricardo Anaya, Javier Duarte y aquel grupo de ex gobernadores de los que en un momento Enrique Peña Nieto puso como ejemplo de la nueva generación de políticos priístas, casi todos envueltos en problemas legales y denunciados por corrupción, abandono de sus responsabilidades ante la sociedad o vinculados a la delincuencia organizada.

Como se ha visto, no es problema generacional ni atañe a ideología alguna; es una distorsión de la naturaleza humana y su práctica pudiera suponerse que aumenta las habilidades sociales de quienes lo practican. Naturalmente, esto ha contribuido de manera sustantiva al enorme deterioro de las condiciones generales de la población, hay mayor pobreza, inseguridad, desempleo, falta de oportunidades para los jóvenes y por el otro lado y directamente relacionado, un inconcebible incremento de los índices de corrupción.

Cuando se había pensado que con Javier Duarte no se podría supera la simulación y el engaño como conducta pública, en la medida en que se aproxima el fin del gobierno de Miguel Ángel Yunes Linares los veracruzanos que le dieron su voto al panista-perredista se dieron cuenta que no sólo continuaron las mismas prácticas discursivas basadas en falsedades y artimañas para agenciarse su confianza, sino que éstas resultan mucho más graves debido a que la parte sustancial de la oferta política del gobernante en funciones fue precisamente el combate a la corrupción y a su promesa de dejar de timar al pueblo.

Incumplió en todos los sentidos: no sólo uso en el aparato gubernamental para saciar sus apetitos de venganza personal en contra de sus adversarios; desestimó la inteligencia y el sentido común de la gente cuando Yunes Linares juraba una y otra vez, que no endeudaría más las finanzas públicas o que no había una "segunda intención" en su persecución de los duartistas acusados de robarse cientos de millones de pesos; que sus alianzas con otro grupo de ex amigos de Javier Duarte no estarían sustentadas en la complicidad o la protección y que en lo general, habría un manejo transparente del erario. Su promesa de acabar en seis meses con la inseguridad o su ofrecimiento de un mejor trato a los colectivos de familiares de desaparecidos fue tan efímera y cierta como sus resultados objetivos al frente del gobierno estatal.

Difícilmente se le pueden creer sus desplantes propagandísticos en sus redes sociales al ofrecerle ayuda a las autoridades xalapeñas, para resolver un conflicto socialmente muy sensible como el manejo de la basura, cuando todo hace suponer que su mano se encuentra detrás del problema. Y lo último, la creación de un Comité "Ciudadano" de Entrega-Recepción con el que pretende simular y engañar que entregará cuentas claras al futuro gobernador. A Yunes Linares, como nunca, puede endosársele aquella vieja y sabia frase de que genio y figura hasta la sepultura.