Política

La impronta de Yunes

septiembre 22, 2018

Como lo hizo Javier Duarte en sus postreros días de gobernador, el panista Miguel Ángel Yunes Linares está recurriendo a la misma estrategia que su antecesor tratando de obstruir y comprometer la capacidad de operación del próximo gobierno veracruzano.

Esa sistemática línea de acción es utilizada como recurso para dificultar la compleja tarea que enfrentará Cuitláhuac García, que va desde el nombramiento del Fiscal Anticorrupción, hasta decretos para crear comisiones "ciudadanas" que validen la entrega de la administración y una intensa campaña de despedida con el propósito de fortalecer su decaída imagen pública, tiene como colofón las solicitudes de donación o enajenación de cuando menos seis bienes propiedad del estado, entre otros.

Sin perder fidelidad a su estilo de gobernar y tratar de beneficiar a la familia, Yunes Linares pretende entregar terrenos propiedad del Instituto de Pensiones del Estado (IPE) a distintas instancias públicas que ve como aliados políticos y por otra parte, la Casa de Agustín Lara al municipio de Boca del Río donde un aliado de su progenie administra la alcaldía en tanto se lleguen los tiempos electorales para que alguien de su linaje vuelva a ocupar la silla municipal.

Mientras el proceso de entrega-recepción se encuentra virtualmente paralizado y en un ambiente en el que se viene escalando la confrontación entre el panista con la futura administración de Morena, Yunes Linares ha dado muestras claras de pretender ocupar hasta el último minuto su menguante poder. Y dadas esas condiciones, no es creíble que dicha actitud responda a intereses públicos o a cumplir cuando menos algunos de los múltiples promesas de campaña que se quedaron en verborreíca oferta electoral.

Dicha rispidez no beneficia en absoluto a los veracruzanos que ven como el conflicto político-electoral será utilizado como instrumento de desestabilización para evidenciar los primeros meses de la gestión morenista, a la que dicho sea de paso, el gobernador en funciones le tiene preparadas algunas sorpresas.

Al mismo tiempo, el proyecto familiar-monárquico de Yunes Linares es el único beneficiario de que el conflicto político se prolongue y mantenga vigente la polarización entre las fuerzas políticas que el mismo gobernante estimuló al entrometerse y viciar la pasada elección cuando intentó imponer a su hijo en la silla gubernamental.

Es inútil pedirle prudencia y serenidad a Yunes Linares para que la entrega de su administración se resuelva bajo los términos de civilidad y legalidad que el mismo demandó en su momento a Javier Duarte. El panista se ve más que dispuesto a cerrar su gobierno bajo los mismos términos con los que llegó, pues la hostilidad, la corrupción, la persecución de los adversarios, la falta de empatía y compromiso social forman parte de una impronta con la que será recordado.