Política

Subhumanos en uniforme y en funciones

septiembre 10, 2018

El Estado mexicano es uno fracasado y la principal responsabilidad de que lo sea son las élites político administrativas que lo han manejado los últimos 36 años.

La evidencia más rotunda de esto es el completo fracaso de las pomposamente llamadas políticas de seguridad pública, tanto en el combate y control de la criminalidad como en el diseño y preparación de las fuerzas del Estado para hacerlo. Pero los signos que indican que el Estado mexicano es fracasado, van bastante más allá de la parálisis e incompetencia institucionales en materia de seguridad pública. La presencia de empresas como Odebrecht o OHL que han diseñado complejos y sofisticados sistemas de corrupción internacionales para multiplicar sus ganancias en los países sede son una afirmación inequívoca de esto, a pesar del singular velo de silencio que las autoridades mexicanas han logrado echar sobre el caso Odebrecht, cuando en el sur del continente la corrupción abarca varios países y varios ex presidentes; Lula da Silva incluido.

En cuanto a las fuerzas de seguridad del Estado, pese a las declarativas de buenos deseos, y el apelar a modelos "ya probados" de preparación de cuadros policiales, las corporaciones de seguridad siguen con los mismos comportamientos al margen de la ley por los que se han ganado su pésima fama. Tras 12 años de la estupidez bélica emprendida por Calderón y seguida por la meliflua administración de Peña Nieto, la confiabilidad en los rediseñados cuerpos policiales es explicablemente baja, casi nula.

El caso de tortura que la corporación del absurdo nombre "Fuerza Civil" sometiera a un ciudadano veracruzano es muestra probatoria de la auténtica y sincera incivilidad de la corporación y toda su línea de mando hasta llegar al gobernador.

Elementos de tal corporación policial veracruzana detuvieron en un retén a un matrimonio y fueron tratados con total arbitrariedad hasta llegar al daño físico por tortura.

Es sustantivo preguntarse qué tipo de permisividad le ha dado la sociedad veracruzana a sus gobernantes para que éstos hagan lo que hacen en el muy amplio espectro que va desde el uso privado de los recursos públicos a escala industrial hasta la arbitrariedad de primates uniformados que abusan de un ciudadano con cualquier pretexto; basta con serle antipático a un uniformado policial para caer en la probabilidad de quedar sujetos a los caprichos degradados de un abusador en uniforme. Un tipo de escoria que las autoridades toleran en los cuerpos del Estado porque les son funcionales dentro del esquema vigente de impunidad y ausencia de derecho.

No es poca cosa que un grupo de energúmenos uniformados sometan a violencia a un ciudadano común que iba de paso y tuvo la mala fortuna de toparse con un retén.

Tal es la precaria fragilidad de lo que queda como remedo de sistema. Un completo estado de descomposición.