Política

Confrontación del EZLN favorece campaña negra contra López Obrador: Julio Atenco

agosto 27, 2018

Una dura crítica a la posición de rechazo y confrontación del Ejército Zapatista de Liberación Nacional para con la futura administración federal encabezada por Andrés Manuel López Obrador, es la que realiza Julio Atenco Vidal, miembro de la Comisión Política de la Red Nacional Indígena e integrante de la Dirección Política de la Coordinadora Nacional de Movimientos Populares Línea de Masas Conmop-LP.

Estableció lo que llama una clara diferencia entre el EZLN como grupo de poder y de reivindicación social, y como organización indígena. Además, considera que "su actitud agresiva favorece y se suma a la campaña negra en contra de AMLO". Igualmente, descartó que exista ruptura entre el movimiento que encabeza el tabasqueño y dicha organización, "porque nunca hubo unión".

El también dirigente de la Coordinadora Regional de Organizaciones Indígenas de la Sierra de Zongolica A.C. (CROISZ) subrayó que la diferencia entre el zapatismo del EZLN y el morenismo de AMLO radica en que este último, "sin grandes formulaciones teóricas ni pretensiones ideológicas", ha logrado obtener una favorable, abrumadora y masiva respuesta electoral de la mayoría de los mexicanos, en contraparte con "la frustrada ambición de poder del ejército zapatista, su espíritu hegemónico que no puede aplicar en ninguna parte y su percepción de lo evidente: su reducción social a una clara minoría política obtusa".

–¿A qué razones atribuyes la posición política del EZLN con respecto al gobierno futuro de AMLO?

–Es una organización dirigida por grupo político que se proponía la toma del poder con el objetivo aparente de acabar con el neoliberalismo y el capitalismo, que es su esencia. Leamos la primera y segunda declaración de la selva. En estos textos que dibujaban su perfil político, nunca se menciona (el concepto) de "pueblos originarios" (como ahora lo mencionan) ni de "pueblos indígenas".

Sus demandas eran de carácter social (trabajo, tierras, salud, educación, etcétera). Su levantamiento armado fue debido a su impaciencia para desarrollar la lucha por la democracia. Fue una especie de experiencia mexicana fallida de foquismo.

El EZLN ha oscilado entre el discurso anarquista de "nada con el Estado" y el discurso neomarxista anticapitalista. El discurso autonomista lo asimilaron a partir de nuestra asesoría en el diálogo de San Andrés en 1995-96 y ahora con sus Caracoles les ha dado el fundamento político y teórico para vanagloriarse de que no necesita nada del Estado.

A pesar de que en sus textos no existe una propuesta clara y sistemática de construcción de un poder popular democrático alternativo, desde la fundación del ejército zapatista sus líderes abrazan la convicción de que ellos y solo ellos pueden y deben dirigir la lucha por la transformación política del país. La mayoría de sus líderes son de tendencia hegemonista, sectaria y dogmática de sus propios dogmas. En sus comunidades de su influencia prevalece el pensamiento único, el de ellos. Aquí el que manda es la estructura militar y la civil obedece.

No existen evidencias de algún acercamiento entre los grupos de poder del viejo sistema con (los líderes zapatistas). Pero es evidente que su actitud agresiva favorece y se suma a la campaña negra en contra de AMLO. Esta campaña pretende sembrar la duda y el desgaste de la próxima administración.

La oligarquía y sus incondicionales están explorando las posibilidades de boicotear y desestabilizar al próximo gobierno de López Obrador. Si no lo pueden hacer mediante el desabasto y la movilización social como en Venezuela, el camino posible será la violencia de la delincuencia organizada y/o el golpe de estado militar.

Se está confrontando de manera natural por un lado la ambición de poder frustrada del ejército zapatista, su espíritu hegemónico que no puede aplicar en ninguna parte y su percepción de lo evidente: su reducción social a una clara minoría política obtusa. Por otra parte, el éxito de un demócrata que sin grandes formulaciones teóricas ni pretensiones ideológicas ha logrado obtener una favorable, abrumadora y masiva respuesta electoral de la mayoría de los mexicanos.

AMLO logró lo que el EZLN, con sus armas y discurso guerrerista, no pudo: sensibilizar a la mayoría de los mexicanos con su discurso de cambio y sus propuestas concretas: la vía electoral era una gran oportunidad para intentar el cambio al menos de jinete.

–¿La potencial ruptura podría llevar el riesgo de un conflicto armado?

–No hay tal ruptura, porque nunca ha habido unidad.

Al menos desde 2006, López Obrador fue sensibilizando y captando entre muchos otros, a grupos que hasta entonces habían seguido fielmente las directrices políticas de coyuntura del ejército zapatista. En 2007, con la salida de la ANIPA del CNI se cerró un ciclo de lucha interna encabezada por los zapatistas por hegemonizar este espacio de representación que pretendía ser plural y reflejar la diversidad de los pueblos, tribus y naciones originarias de nuestro país. Ahora solo refleja al EZLN.

En 1994, la guerra la paró la sociedad civil movilizada en todo el país. El ejército zapatista descubrió que su prestigio por tomar las armas y luchar por lo que consideraban justo no era por su doctrina política (la cual es inexistente) o por su proyecto de nación alternativo (también inexistente), sino que era por ser indígenas.

En el 95 fuimos muchos los grupos y organizaciones nacionales e internacionales los que rompimos el cerco militar e informativo que se había establecido para aniquilar el liderazgo del EZLN.

Las cosas han cambiado. La sociedad está mucho más informada, es claramente más democrática, es más demandante de transparencia en la administración sus movilizaciones son cualitativamente superiores. Hay proyectos alternativos en casi todas las áreas de la lucha social. Y lo más importante: el EZLN solo impacta a un pequeño sector de radicales, violentos, semianarquistas y de anti-todo.

La amenaza de "cualquier capataz va a ser enfrentado", se sustenta en un delirio de grandeza que se cae por sí sola. Cualquier acción militar o de violencia selectiva que ellos o sus incondicionales hicieren en contra de adversarios políticos que ahora son del campo democrático, sería muy mal vista y se reclamaría justicia.

–¿Por qué el Ejército Zapatista de Liberación Nacional busca retomar un papel preponderante en la coyuntura del cambio de gobierno, tal y como lo hizo con Ernesto Zedillo?

–Por su ambición de poder. Pero también muy probablemente es una necesidad financiera. Su protagonismo injustificado se puede deber a (que pretende) mantenerse vigente para que sigan fluyendo los recursos que desde antes de su levantamiento en armas ya tenía y que les hicieron pregonar que ellos no necesitaban nada del Estado. Toda ambición está asociada al egoísmo. En ellos su ambición es extrema y su egoísmo (también). Por eso no les importa que con AMLO haya pequeños avances en la democratización del poder. Si no es en los términos que ellos lo dicen entonces no es válido. Su extrema ambición y egoísmo les nubla la vista y ennegrece el corazón

–¿El EZLN representa la posición de los pueblos originarios o tiene su propia agenda?

–No los representa.

Primero debe quedar claro que una cosa son las organizaciones y otra muy distinta los pueblos, tribus y naciones originarias. Ambas entidades tienen representantes elegidos de manera diferente; tienen tiempos, espacios de participación y decisión diferentes. Finalmente, el sujeto del Derecho es la persona, las comunidades y los pueblos originarios.

Las organizaciones, por muy importantes que sean, no puede ni debe sustituir a los pueblos; ellos tienen a sus propias autoridades. Una organización puede ser la voz de un pueblo solo cuando tiene el mandato expreso, de otro modo está usurpando su representación.

Representan ahora una corriente política indígena, una de muchas que hay y como todas, tiene su propia agenda.

Algunos como la extinta ANIPA, y ahora los liderazgos acuerpados en el foro de Morelia de junio de este año, tratamos de empatar la agenda de nuestras organizaciones con la de los pueblos, tribus y naciones. Es un esfuerzo que ya tiene 40 años y que ha dado importantes frutos (entre muchos, los Acuerdos de San Andrés) para el reconocimiento constitucional pleno de nuestros derechos a la autonomía y libre determinación, para retomar nuestro proceso civilizatorio a partir de nuestra identidad étnica.

La agenda del Ejército Zapatista de Liberación Nacional no es la agenda de los pueblos, tribus y naciones primigenias, sigue siendo la agenda por tomar el poder a toda costa. Por eso el obispo Marcos ya instruyó al Consejo Indígena de Gobierno a abrirse a otros sectores de excluidos y pobres. Ya descubrió que su nivel de representación es ridículamente pequeño y no tiene futuro y por eso lo desecharán al CIG antes de que se caiga solo.

–¿En Veracruz hay un movimiento de los pueblos originarios y cómo se ubica en la actual coyuntura?

–En Veracruz existen grupos y organizaciones que de manera autodidacta han venido desarrollando experiencias autonómicas locales. No han existido las condiciones políticas y sociales favorables para gestar un movimiento estatal, pero nos estamos enlazando para consensar conceptos fundamentales de la corriente política indígena autonomista y propiciar un importante movimiento de este sector en el norte, centro y sur del estado.

–¿Cómo fue la relación del gobierno de Miguel Ángel Yunes con los pueblos indígenas?

–De manipulación y engaño.

–¿Qué significa la alternancia política luego del gobierno panista y ahora con Morena?

–La alternancia política es insustancial. Todos son políticos electorales que aparecen sólo en tiempos electorales. Nadie de ellos da paso sin huarache y por algo a cambio.

Lo sustantivo es si el gobierno por estrenar está dispuesto a democratizar o no el poder. Democratizar el poder significa que el gobierno, sus prácticas instituciones, planes y proyectos se rigen por el criterio de que la mayoría ciudadana manda y el Poder Ejecutivo obedece el mandato de la mayoría popular y/o ciudadana; tendríamos un gobierno promotor y defensor de la "equidad como medida y la justicia como nivel" y, en caso (contrario), se (revocaría) el mandato de gobernar.

Significa también que el Poder Legislativo construya un marco jurídico legítimo que corresponda a los intereses y aspiraciones de la mayoría ciudadana y popular de modo que sea un auténtico estado de derecho y, en su caso, puedan revocarse el mandato a los legisladores. Democratizar el poder significa acabar con los jueces y magistrados faraónicos, su corrupción, privilegios y marañas legaloides, para dar paso a la transparencia, a una justicia real y expedita y, en su caso a la revocación de mandato.