Política

El coco

agosto 23, 2018

La noticia del desistimiento de la PGR de acusar al ex gobernador Duarte de delincuencia organizada dejó helado y encabritado al respetable. Esto, aún a sabiendas del trato harto privilegiado que se dispensa al ex gobernador financiero. La misma lógica por la que el gobierno federal no termina por hacer efectivas las peticiones de extradición del otro ex gobernador Duarte, de Chihuahua.

Y exactamente la misma lógica porque justo cuando el presidente en funciones y el presidente electo daban una conferencia de prensa, uno rodeado de su gabinete y el otro rodeado del que será su gabinete, Elba Esther Gordillo hacía su reaparición en público auto revestida de heroica oposición.

El sistema de complicidades tiene su ética, los acuerdos privados e informales se cumplen a cabalidad, de otra forma se perdería la confianza. Matiz poco observado pero fundamental en las relaciones de complicidad cuando éstas son entre pares.

La PGR justificó con el argumento de que no había pruebas suficientes para acreditar el delito de delincuencia organizada, cosa que para aceptar habría que revisar la calidad de las investigaciones, si es que en verdad hizo alguna la PGR.

Es desde luego la decisión política de cumplir con un acuerdo político. Estertores del sistema vigente.

No es improbable que surjan trascendidos que sugieran conocimiento y anuencia del gobierno electo. Para evitar el auto de fe habrá que aceptar que es posible, sí, pero que es realmente improbable por la simple razón de que ni el gobierno electo ni los gobernados se benefician de ello. Además de las consideraciones éticas, claro.

Yunes Linares expresó con claridad prístina su irritación y advirtió sería reaprehendido. Hay una lista abultada de delitos locales a los cuales apelar. El problema no es ese, sino la doble exhibición por un lado de la manipulación de la ley para lograr impunidad, y por otro del uso político de las instituciones con fines personales.

No hay otra forma de interpretar la vehemencia en la reacción del gobernador. Javier Duarte concita la animadversión popular con relativa facilidad. De tal suerte, todo lo que haga el gobierno con la intención de castigar al ex gobernador contará con simpatía popular.

No es la agenda de los próximos ejecutivos, pero sí del sistema de justicia en el nuevo régimen.