Política

Proceso

julio 24, 2018

Entre el azoro y la dificultad para procesar los resultados electorales la sociedad mexicana toda va procesando la nueva circunstancia. Entre consideraciones políticas, explicaciones sociológicas, y el temor por adelantado por las distorsiones de la uniformidad de una nueva hegemonía, van apareciendo en la discusión pública las críticas y regateos en contra de la novedosa circunstancia. Es lo normal, nadie en el país está acostumbrado a los cambios por consenso. Porque ésta inflexión es el resultado de un gran consenso, mucho más informal que formal, una suerte de alianza ampliada que, hasta ahora, lo único que ha hecho es potenciar el cambio deseado. La diferencia hoy es que es posible. Es una gran diferencia. Pero la responsabilidad del cambio en la forma de hacer las cosas no reside tanto en el gobierno como en los ciudadanos. Eso que debería ser claro para todos, parece no serlo tanto.

Por ejemplo, existen en la opinología nacional diversas elucubraciones y consideraciones sobre los peligros de la nueva hegemonía.

En general, tales consideraciones son válidas, pero son también altamente relativas. El electorado votó de forma tan contundente debido a la confianza inspirada por el tipo de oferta política y liderazgo horizontalizado ofrecido por Morena.

Pero más que un auto de fe, es un voto de confianza a una fórmula que resultó altamente verosímil por lo que ha sucedido en el país durante los últimos 40 años. La responsabilidad de la conducción del cambio la tiene desde luego el gobierno, pero la responsabilidad del cambio mismo no recae tanto en éste como en la sociedad.

Ahora hay que hacerlo, aún no pasa nada, excepto que las posibilidades para hacerlo han aumentado significativamente. Es un proceso que llevará tiempo y que promete ser intenso. Se trata de reconfigurar los acuerdos legitimadores, las reglas del juego y, en consecuencia, la institucionalidad que no es otra cosa que eso: reglas del juego.

En estos veintitantos días, ha habido muchos regateos y expresión de temores por la nueva hegemonía. Es normal, aunque a veces parecieran más bien resistencias mezquinas, es parte del procesamiento. Basta con tener un poco pudor analítico para no perderse en euforias ideológicas, ni en mezquindades. Desde luego que las hegemonías son desaconsejables por sus peligros potenciales, pero la magnitud de lo que debe ser corregido y reencauzado la hace necesaria, aunque eso no le resta lo controversial. Depende de que sociedad permanezca atenta a la acción de gobierno en sus tres esferas y a la instrumentación de políticas. Son tiempos de observación, discusión y procesamiento para la concreción de los nuevos acuerdos societales. El país tiene una larga historia con el autoritarismo, lo que explica en buena medida los regateos. Hay razones históricas suficientes para ser cautos, lo que no hay son razones para no participar en la construcción de los nuevos acuerdos. El consenso debe ser asegurado sin hacer uso ni amenazar con el uso autoritario de la mayoría.

Ya veremos si las autoridades y la sociedad fuimos capaces de aprender la larga lección por las consecuencias de la abulia.